jueves, 6 de agosto de 2026

  Santayana pronunció la famosa frase: «Aquellos que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo», pero aquellos que no comprenden el pasado remoto están condenados a vivir vidas estructuradas en formas que entran en conflicto con nuestros apetitos y tendencias humanos más profundos. 

El mundo moderno es el zoo humano definitivo, diseñado, creado, administrado y ocupado por seres humanos. Por desgracia, el zoo que hemos diseñado para nosotros mismos es un pobre reflejo del mundo en que evolucionó nuestra especie, y es por consiguiente un lugar profundamente insalubre e infeliz para muchos de los animales humanos que contiene. 

Los seres humanos son capaces de sobrevivir en contextos confinados y violentos, pero, como el agua, nos estancamos y nos volvemos putrefactos cuando dejamos de fluir. 

Puede que la civilización sea el mejor ejemplo de dar gato por liebre que se ha conocido jamás. Nos convence para que destruyamos lo que es gratis para que, a continuación, puedan vendernos una copia de inferior calidad y excesivamente cara (que a menudo está financiada con el dinero que hemos obtenido acelerando la destrucción de la versión libre). 

Contaminar arroyos, ríos, lagos y acuíferos con residuos industriales, escorrentía de pesticidas y productos químicos del fracking para luego vendernos «agua pura de manantial» (que muchas veces no es más que agua del grifo) en botellas de plástico que se descomponen en microplásticos que terminan en los océanos, en el estómago de las ballenas y en nuestra propia sangre. 

Se nos dice que trabajemos duro ahora para que luego podamos permitirnos el lujo de relajarnos. Ignoramos a los amigos y a la familia mientras nos esforzamos por hacernos ricos para que a la larga alguien nos quiera. Las voces de la civilización nos llenan de anhelos manufacturados y después nos venden cucharadas preenvasadas de satisfacción transitoria que se evapora a la primera de cambio.

Hay quien se lleva las manos a la cabeza y cree que la naturaleza humana es la culpable de todo. Pero no es la naturaleza humana la que nos hace participar en esta ciega destrucción de nuestro mundo y de nosotros mismos. 
Los seres humanos prosperaron en este planeta durante cientos de miles de años sin cargárselo. No, esta no es la naturaleza de nuestra especie: es la naturaleza de la civilización, una estructura social en auge en la que nuestra especie está atrapada en el presente.

Christopher Ryan 

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