Prohibido escribir como Shakespeare
Hay una nueva preocupación en el maravilloso mundo de la inteligencia artificial: que las máquinas imiten estilos de escritores.
¡Qué tragedia!
La humanidad sobrevivió a guerras mundiales, pestes, dictadores, fascismos, burbujas financieras y gente que pone el altavoz del teléfono en el transporte público... pero ahora resulta que una computadora puede escribir como Shakespeare y eso sí es el comienzo del fin de la civilización.
"¡No podemos permitir que la inteligencia artificial escriba como Shakespeare!"
¿Por qué?
"Porque estaría imitando su estilo."
Ah.
Entonces tenemos que detener también a los seres humanos.
Porque los seres humanos llevan miles de años haciendo exactamente eso.
Los escritores leen a otros escritores.
Los músicos escuchan a otros músicos.
Los pintores estudian a otros pintores.
Los comediantes ven a otros comediantes.
Los periodistas copian maneras de narrar.
Los políticos copian discursos.
Los publicistas copian campañas.
Y los estudiantes...
Bueno, los estudiantes directamente cambian dos palabras y esperan que nadie se dé cuenta.
Pero cuando lo hace una máquina:
¡ESCÁNDALO!
"¡La inteligencia artificial está imitando estilos!"
Sí.
¿Y?
La cultura humana funciona así.
Una generación toma algo de la anterior, lo modifica, le agrega sus propias obsesiones y se lo entrega a la siguiente generación ligeramente deformado.
Eso se llama tradición.
O plagio, si eres estudiante.
Pensemos en un escritor.
Lee a Shakespeare.
Luego lee a Cervantes.
Después a Poe.
Después a Borges.
Después a Dostoyevski.
Y finalmente descubre que todos esos cabrones ya habían escrito antes que él.
Así que hace lo que puede hacer un escritor:
mezcla todo lo que ha absorbido y desarrolla una voz propia.
Eso es aprender.
Eso es influencia.
Eso es cultura.
Pero ahora aparece una inteligencia artificial que hace algo conceptualmente parecido y de repente escuchamos:
"¡Está robando estilos!"
¿Robando?
¿A quién?
¿A Shakespeare?
Shakespeare lleva muerto más de cuatro siglos.
¿Vamos a protegerlo?
¿Quién exactamente va a demandar a la máquina?
¿El fantasma de Shakespeare?
Imaginen el juicio:
—Señor Shakespeare, ¿cómo se enteró de que una IA estaba imitando su estilo?
—Me llegó un correo.
—¿Pero usted no murió en 1616?
—Sí, pero tengo Gmail.
Y aquí aparece una pregunta todavía más interesante:
¿Qué demonios es un estilo?
Porque cuando decimos "escribe como Shakespeare", no estamos diciendo que copie una página de Shakespeare.
Estamos diciendo:
"Utiliza determinados recursos que asociamos con Shakespeare."
El ritmo.
La construcción dramática.
Las metáforas.
La retórica.
El lenguaje.
La estructura.
Es decir: piezas de la caja de herramientas literaria.
Y ninguna persona inventó todas esas herramientas.
Shakespeare no inventó la metáfora.
No inventó el teatro.
No inventó el verso.
No inventó la tragedia.
No inventó el amor.
Aunque seguramente habría querido registrar la patente.
La verdadera diferencia con la inteligencia artificial no es que imite.
Es que puede hacerlo a una escala monstruosa.
Un escritor humano puede pasar diez años estudiando a un autor y terminar escribiendo influido por él.
Una empresa puede utilizar una IA para producir diez mil textos en un día imitando determinadas características de escritores, periodistas o artistas.
Ahí sí tenemos una conversación interesante.
Porque el problema ya no es:
"¿Puede imitar?"
Sino:
"¿Qué estamos haciendo con esa capacidad?"
Eso es mucho más razonable.
Podríamos preocuparnos por la suplantación.
Por utilizar la voz de una persona sin permiso.
Por fabricar declaraciones falsas.
Por engañar al público.
Por producir cantidades industriales de contenido que explote comercialmente la identidad de un creador.
Eso sí merece discusión.
Pero prohibir que una máquina utilice características de un estilo artístico es otra cosa.
Porque entonces tendríamos que decidir dónde empieza y termina un estilo.
Y ahí estamos jodidos.
Porque yo podría escribir:
"Escribe como Borges."
Y alguien podría responder:
"No puedes."
"¿Por qué?"
"Porque estás copiando su estilo."
"Bueno, entonces escribe como un escritor latinoamericano del siglo XX con frases reflexivas, laberintos conceptuales y cierta obsesión por el tiempo."
"Eso sí."
Ah.
Perfecto.
Hemos resuelto el problema cambiándole el nombre al estilo.
La burocracia ha derrotado nuevamente a la filosofía.
Y hay una ironía final.
Nos preocupa que las máquinas imiten demasiado bien a los seres humanos.
Pero buena parte de la historia humana consiste precisamente en imitar a otros seres humanos.
Aprendemos a hablar imitando.
Aprendemos a caminar imitando.
Aprendemos gestos.
Aprendemos modales.
Aprendemos chistes.
Aprendemos música.
Aprendemos formas de argumentar.
Aprendemos incluso a pensar utilizando conceptos que alguien inventó antes.
La civilización entera es una gigantesca operación de:
"Vi que aquel cabrón lo hacía y pensé que podía hacerlo yo también."
Eso es cultura.
La inteligencia artificial simplemente ha llegado a la fiesta con una memoria absurda y una velocidad que nos pone nerviosos.
Y ahora estamos intentando explicarle:
"Puedes aprender de nosotros...
pero no demasiado."
Porque aparentemente la humanidad ha descubierto un nuevo principio moral:
imitar está bien cuando tardas treinta años;
imitar está mal cuando tardas tres segundos.
Magnífico.
No hemos inventado una nueva ética.
Hemos inventado la envidia tecnológica.
Y probablemente Shakespeare habría escrito algo sobre ello.
Aunque, por favor...
que no lo escriba la IA.
Podríamos ofender a los muertos.
Y los muertos, como todos sabemos, son el grupo de presión más peligroso de Internet.
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