Observen el lenguaje. Siempre observen el jodido lenguaje, porque ahí está la trampa.
Se
voltea un tráiler de Sabritas en la carretera y de repente todos en el
noticiero se vuelven poetas del apocalipsis moral. "¡RAPIÑA! ¡SAQUEO!
¡HORDA DE VÁNDALOS!" Ponen música de película de zombies. La cámara
tiembla. Un reportero con casco dice "la falta de valores". Una señora
se lleva un pollo congelado y ya es el fin de la civilización
occidental.
Ahora, cambia
de canal. Un gobernador se lleva 800 millones de pesos de medicinas
para niños con cáncer. ¿Cómo le dicen? No es rapiña. No es saqueo. No es
horda. Es "presuntas irregularidades". Es "observaciones de la
Auditoría Superior". Es "un probable desvío".
¡Irregularidades!
Qué palabra tan bonita y limpia. Irregularidades es cuando tu corbata
no combina con tu camisa. No cuando te chingas el presupuesto de salud
de todo un estado.
¿Se
dan cuenta? Cuando el pobre roba, es un delito con nombre de animal.
RAPIÑA. Suena a rata, a buitre, a algo que arrastra las uñas. Cuando el
político roba, es un término contable. Suena a que se le fue un cero de
más en el Excel. ¡Uy, perdón, fueron irregularidades!
Y
es lógico. Nunca has visto a un político cargando una tele en la
carretera. Él no necesita agacharse. Él no se ensucia las manos con
aceite de tráiler volcado. Él roba sentado. Con aire acondicionado.
Firmando. Roba con una pluma Mont Blanc y por eso no es ratero, es
"servidor público señalado".
Nos
venden que el problema es la gente que se lleva las cervezas del camión
accidentado. ¡Esa gente! ¡Qué barbaridad! ¡Qué falta de empatía con el
pobre chofer!
El chofer
está bien, cabrón. El chofer está a un lado, vivo, pidiendo que no se
acerquen porque va a explotar. El que no está bien es el cabrón que
lleva 30 años viendo cómo le saquean el país entero y ahora le piden
indignación selectiva por una caja de galletas María.
No estoy defendiendo que se lleven el camión. Estoy diciendo que me digan las cosas por su tamaño real.
Si
una señora que se lleva 10 kilos de azúcar es una rapaz, ¿qué palabra
le dejamos al güey que se llevó 10 mil millones? Porque en español ya no
tenemos palabra más grande que rapiña. Necesitamos inventar una nueva.
Super-rapiña. Mega-rapiña. Rapiña con doctorado en Harvard y fuero
constitucional.
Los
medios lo hacen porque una cosa la pueden filmar y la otra no. No pueden
poner un dron sobre una cuenta en Andorra. No pueden poner en cámara
lenta cómo se transfiere un contrato de obra pública a tu cuñado. Pero
sí pueden poner en cámara lenta a Don Chuy corriendo con un cartón de
huevo San Juan.
Es más seguro. Es más barato. Indignarte con Don Chuy no te cuesta la concesión. Indignarte con el gobernador sí.
Entonces
te entrenan. Te entrenan para que odies al de abajo que te arrebata las
migajas y respetes al de arriba que se llevó toda la panadería.
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