sábado, 1 de agosto de 2026

 Observen el lenguaje. Siempre observen el jodido lenguaje, porque ahí está la trampa.


Se voltea un tráiler de Sabritas en la carretera y de repente todos en el noticiero se vuelven poetas del apocalipsis moral. "¡RAPIÑA! ¡SAQUEO! ¡HORDA DE VÁNDALOS!" Ponen música de película de zombies. La cámara tiembla. Un reportero con casco dice "la falta de valores". Una señora se lleva un pollo congelado y ya es el fin de la civilización occidental.

Ahora, cambia de canal. Un gobernador se lleva 800 millones de pesos de medicinas para niños con cáncer. ¿Cómo le dicen? No es rapiña. No es saqueo. No es horda. Es "presuntas irregularidades". Es "observaciones de la Auditoría Superior". Es "un probable desvío".

¡Irregularidades! Qué palabra tan bonita y limpia. Irregularidades es cuando tu corbata no combina con tu camisa. No cuando te chingas el presupuesto de salud de todo un estado.

¿Se dan cuenta? Cuando el pobre roba, es un delito con nombre de animal. RAPIÑA. Suena a rata, a buitre, a algo que arrastra las uñas. Cuando el político roba, es un término contable. Suena a que se le fue un cero de más en el Excel. ¡Uy, perdón, fueron irregularidades!

Y es lógico. Nunca has visto a un político cargando una tele en la carretera. Él no necesita agacharse. Él no se ensucia las manos con aceite de tráiler volcado. Él roba sentado. Con aire acondicionado. Firmando. Roba con una pluma Mont Blanc y por eso no es ratero, es "servidor público señalado".

Nos venden que el problema es la gente que se lleva las cervezas del camión accidentado. ¡Esa gente! ¡Qué barbaridad! ¡Qué falta de empatía con el pobre chofer!

El chofer está bien, cabrón. El chofer está a un lado, vivo, pidiendo que no se acerquen porque va a explotar. El que no está bien es el cabrón que lleva 30 años viendo cómo le saquean el país entero y ahora le piden indignación selectiva por una caja de galletas María.

No estoy defendiendo que se lleven el camión. Estoy diciendo que me digan las cosas por su tamaño real.

Si una señora que se lleva 10 kilos de azúcar es una rapaz, ¿qué palabra le dejamos al güey que se llevó 10 mil millones? Porque en español ya no tenemos palabra más grande que rapiña. Necesitamos inventar una nueva. Super-rapiña. Mega-rapiña. Rapiña con doctorado en Harvard y fuero constitucional.

Los medios lo hacen porque una cosa la pueden filmar y la otra no. No pueden poner un dron sobre una cuenta en Andorra. No pueden poner en cámara lenta cómo se transfiere un contrato de obra pública a tu cuñado. Pero sí pueden poner en cámara lenta a Don Chuy corriendo con un cartón de huevo San Juan.

Es más seguro. Es más barato. Indignarte con Don Chuy no te cuesta la concesión. Indignarte con el gobernador sí.

Entonces te entrenan. Te entrenan para que odies al de abajo que te arrebata las migajas y respetes al de arriba que se llevó toda la panadería.

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