martes, 14 de julio de 2026

 El término tradwife (una abreviatura de traditional wife, o "esposa tradicional" en inglés) se refiere a un movimiento y una subcultura en redes sociales en la que las mujeres eligen adoptar un rol de género sumamente tradicional en el matrimonio.

Quienes se identifican con este estilo de vida suelen priorizar el cuidado del hogar, la preparación de comidas desde cero, la crianza de los hijos y el apoyo absoluto a sus esposos, quienes actúan como los únicos proveedores económicos de la familia.

El movimiento genera bastante polarización. Por un lado, sus defensoras afirman que se trata simplemente de una elección personal respetable. Por otro lado, los críticos señalan que promueve una visión idealizada y poco realista del pasado, que puede generar dependencia económica absoluta (lo que vulnera a la mujer en caso de divorcio) y que, a menudo, se utiliza para romantizar dinámicas de desigualdad.

El negocio de decirle a los demás cómo vivir 

¿Se han fijado en que hoy en día todo el mundo tiene un doctorado en cómo carajos debes vivir tu vida? Es la nueva epidemia global: la intolerancia biempensante. Ya nadie puede simplemente ser. Tienes que ser un manifiesto político ambulante.

Tomemos el nuevo juguete de las redes sociales: las tradwives. Esposas tradicionales. Mujeres que deciden quedarse en casa, ponerse un vestido de los años cincuenta, hornear pan desde cero y dejar que el marido pague las cuentas. ¡Y la gente se está volviendo loca! Salen los expertos en Twitter a gritar: "¡No! ¡Eso es un retroceso! ¡Estás traicionando un siglo de luchas feministas! ¡Tienes que salir a la calle, conseguir un empleo corporativo de 9 a 5, estresarte por un fondo de retiro, tomar antidepresivos y odiar a tu jefe como el resto de nosotros! ¡Eso es la verdadera liberación!".

Es brillante. Te liberamos de la cocina para que seas libre de ser explotada por una multinacional. ¡Qué gran avance para la humanidad! Si una mujer quiere pasar el día limpiando su casa y cocinando para el tipo que eligió como pareja, ¿a quién le importa? Es su vida, son sus platos, es su espalda. Pero no, la gente no puede soportar que alguien sea feliz de una manera que no esté aprobada por su comité de moralidad local.

Pero esperen, la hipocresía mejora. Vámonos al otro lado del pasillo.

Un hombre decide quedarse en casa. El tipo limpia, cuida a los niños, hace la comida y la mujer sale a ganar el dinero. ¿Qué pasa entonces? El club de los "machos alfa de gimnasio" y las tías conservadoras se infartan colectivamente. "¡Qué vergüenza! ¡No es un hombre de verdad! ¡Es un mantenido! ¿Dónde quedó la masculinidad?".

A ver, déjenme entender esto: si la mujer se queda en casa, es una víctima oprimida por el patriarcado. Si el hombre se queda en casa, es un flojo castrado que no sirve para nada. ¿Ven el patrón? Da igual lo que hagas, ¡siempre lo estás haciendo mal para el grupo de idiotas que te está mirando!

El problema de fondo aquí no es el maldito pan casero ni quién cambia los pañales. El problema es el lenguaje y el ego. A la gente ya no le basta con tomar decisiones para sí misma; necesitan que tomes las mismas decisiones para sentir que ellos tienen razón. Es una inseguridad colectiva disfrazada de activismo. Nos encanta crear etiquetas: "tradwife", "proveedor", "aliado", "opresor". Palabras de tres centavos que usan las personas con mentes de dos centavos para simplificar un mundo complejo.

La gente ya no quiere libertad; quiere uniformidad. Quieren que marches en su misma fila, con su misma pancarta y odiando al mismo enemigo. Si te sales de la fila para hacer lo que te da la gana en la privacidad de tu casa, te conviertes en un peligro. Porque nada enfurece más a un esclavo del sistema —ya sea el sistema corporativo o el sistema de las expectativas sociales— que ver a alguien que simplemente mandó todo al demonio y decidió ser feliz bajo sus propios términos.

¿Mi consejo? Dejen que la gente hornee su pan, dejen que los hombres laven los platos, dejen que las mujeres dirijan empresas, y a todos los demás... cierren la boca y miren hacia su propio jardín, que bastante mugre tiene ya.


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