Si eres musculoso, eres sospechoso
¿Sabes qué me encanta de los gobiernos? Que siempre encuentran una nueva forma de decir: "No es prejuicio, es prevención."
En Suecia, si eres demasiado musculoso, podrías despertar sospechas de usar esteroides. Porque, claro, esos hombros no pueden ser fruto de años de disciplina... deben ser evidencia andante.
Es fascinante. El cuerpo se convierte en una denuncia anónima.
Ya no basta con que hagas algo ilegal.
Ahora pareces alguien que podría hacerlo.
Imagínate el resto.
"Señor, conduce un Ferrari. Sospechamos evasión fiscal."
"Señora, lee muchos libros. Sospechamos que piensa demasiado."
"Usted sonríe mucho. Sospechamos que oculta algo."
La lógica es maravillosa: sustituimos las pruebas por las probabilidades. Es más rápido. Mucho más cómodo. Y, de paso, nos ahorramos el trabajo de investigar.
Porque investigar cuesta.
Estereotipar es barato.
Pero aquí viene mi parte favorita.
Si una potencia occidental hace algo parecido, lo llaman política pública.
Si lo hiciera China, de pronto aparecen documentales con música inquietante, titulares sobre vigilancia masiva y expertos hablando del Estado policial.
La acción puede ser parecida.
Lo que cambia es el narrador.
Imagina el encabezado:
"China comienza a detener ciudadanos debido a su apariencia física."
¿Puedes oír el escándalo?
"¡La libertad está muriendo!"
"¡El Partido decide quién es sospechoso por su cuerpo!"
"¡Esto demuestra el peligro del autoritarismo!"
Y habría editoriales, debates televisivos y políticos jurando defender los derechos individuales.
Pero cuando ocurre en una democracia occidental, el lenguaje cambia mágicamente.
Ya no es un prejuicio.
Es un "indicador de riesgo".
Ya no es discriminación.
Es "selección basada en experiencia policial".
Ya no es una presunción de culpabilidad.
Es una "medida preventiva".
¿No es increíble lo mucho que puede hacer un buen departamento de relaciones públicas?
No estoy diciendo que Suecia y China sean equivalentes. No lo son. Sus instituciones, libertades y sistemas políticos son muy diferentes. Lo que sí digo es que todas las sociedades democráticas deberían aceptar el mismo principio cuando se miran al espejo que cuando señalan a otros.
Porque el verdadero examen de una democracia no consiste en denunciar los abusos ajenos.
Consiste en reconocer los propios.
Y hay una regla muy sencilla para saber si una práctica merece desconfianza.
Haz un experimento mental.
Cambia el nombre del país.
Si te parece intolerable cuando ocurre en China, Rusia o cualquier otro Estado al que solemos criticar, quizá también deberías examinarla con el mismo rigor cuando ocurre en una democracia occidental.
Es absurdo. Es ofensivo. Es el gobierno metiendo la nariz en tu gimnasio, en tu nevera, en tus venas. Y lo peor es que muchos lo defienden. "¡Es por la salud!" Claro, como las leyes contra las drogas que llenan prisiones pero no paran nada. Como prohibir las armas y dejar que solo los criminales las tengan. Como regular el lenguaje para que nadie se ofenda mientras el mundo se desmorona.
Al final, lo que realmente les molesta no son los esteroides. Es la libertad de transformar tu cuerpo en algo imponente. De rechazar el mediocre "sé normal, sé suave, sé controlable". En China sería tiranía. En Suecia es "política de salud". Yo lo llamo lo que es: gilipollez autoritaria con acento nórdico.
Es el doble rasero de siempre, la eterna gimnasia mental de nuestra civilización. Nos encanta llenarnos la boca hablando de "libertad", pero la verdad es que a la gente en el fondo no le importa la libertad; lo que les gusta es el estilo de la opresión. Si la tiranía viene con pasaporte europeo, olor a pino y muebles fáciles de armar, nos encogemos de hombros y decimos: "Bueno, es que allá respetan mucho las reglas".
Los derechos individuales no funcionan como las camisetas de fútbol.
No deberían cambiar de color según quién tenga la posesión del balón.
La próxima vez que alguien te hable del "Mundo Libre", pregúntale cuánto miden sus bíceps y si tiene la orina en regla. Porque en el gran teatro de la imbecilidad humana, la libertad termina exactamente donde empieza la sospecha de que estás levantando más peso del que el gobierno considera democrático.
No hay comentarios:
Publicar un comentario