viernes, 10 de julio de 2026

 La conductora y modelo ecuatoriana Alejandra Jaramillo (panelista en el programa ¡Siéntese quien pueda! de TelevisaUnivision)  compartió contenido en sus redes sociales celebrando efusivamente el triunfo de Inglaterra:

¿El fútbol? Por favor. El fútbol no es un deporte, es una maldita simulación de guerra para contables y burócratas que no tienen las agallas de dispararse de verdad. Y cuando mezclas el fútbol con la televisión, el nacionalismo de descuento y las redes sociales, lo que obtienes no es pasión; obtienes el colapso absoluto de las últimas tres neuronas que le quedaban a la especie humana.

Miren este último chiste del catálogo: una presentadora de televisión, una "figura pública" —lo que hoy en día significa simplemente alguien con buena iluminación y los dientes demasiado blancos— se burla de México porque perdió contra Inglaterra. ¡Contra Inglaterra! El parque temático colonial más grande del mundo. Los inventores del té robado, el saqueo con buenos modales y la piel color camarón hervido.

Y la tipa lo hace para vengarse, porque resulta que antes los mexicanos se habían burlado de su país. Es una cadena alimenticia de resentimiento tercermundista. "Tú te burlaste de mi bandera de tres colores, así que ahora yo le rezo a la bandera de la cruz de San Jorge". ¡Qué madurez! ¡Qué profundidad geopolítica!

Pero lo mejor de todo, lo que realmente me hace aplaudirle al meteorito para que apresure el viaje, es la increíble contradicción del latinoamericano aspiracional. Es una patología fascinante. Tienes a gente nacida en el Sur Global, gente que camina bajo el mismo sol, que comparte el mismo idioma, la misma historia de haber sido saqueados por extranjeros... y en cuanto se ven en una pantalla, se vuelven los más fervientes defensores del Imperio donde nunca se pone el sol.

¡Es el síndrome de Estocolmo a nivel continental! Son personas de piel clara o con pretensiones de estatus que miran a su propia patria mestiza con un asco mal disimulado, y prefieren arrodillarse ante Harry Kane o Jude Bellingham como si fueran sus señores feudales. Piensan que por apoyar al colonizador, de alguna manera se vuelven un poco menos colonizados. Creen que el bloqueador solar los exime de la historia. "¡Mírenme, soy europeo por asociación futbolística! ¡Viva el rey! ¡Por favor, no miren mi pasaporte!".

Y luego, claro, viene el segundo acto de la comedia moderna: el control de daños.

La cadena de televisión entra en pánico porque se da cuenta de que el público al que acaban de insultar es el mismo público que compra los detergentes que patrocinan su programa de chismes. Los ejecutivos —esos hombres de traje gris que tienen úlceras por culpa de los gráficos de pastel— empiezan a sudar frío. Así que le ordenan a la estrella: "Borra los tuits. Borra los videos. Haz como si nunca hubiera pasado".

Y ella los borra. Porque claro, se puede tener mucha "pasión", pero la pasión no paga la hipoteca en Miami. Se puede ser muy valiente detrás de la pantalla, hasta que el departamento de recursos humanos te recuerda que eres perfectamente reemplazable por cualquier otra persona con el mismo número de seguidores y menos opiniones sobre el tiempo extra. Borran los posts creyendo que el internet tiene amnesia, como si no hubiera un millón de desempleados tomando capturas de pantalla a las tres de la mañana esperando exactamente ese momento.

No piensan. Ese es el problema fundamental. Nos vendieron la idea de que democratizar los micrófonos nos haría más libres, y lo único que logramos fue darle un megáfono a la estupidez cotidiana. Figuras públicas que actúan con la impulsividad de un niño de cinco años borracho de azúcar, jugando a la geopolítica de jardín de niños con el orgullo de dos naciones.

Al final, Inglaterra seguirá siendo Inglaterra, México seguirá sufriendo por los cuartos de final, y los ejecutivos de la televisión seguirán vendiendo porquerías. Pero hey, no se preocupen, la próxima semana habrá otro partido, otra burla, otro tuit borrado y otra disculpa que nadie siente. El circo no descansa, amigos. Y las entradas siguen siendo gratis.

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