miércoles, 4 de marzo de 2026

 El poder ya no necesita castigar o perseguir a los rebeldes, puesto que no queda ninguno: toda la humanidad se ha reducido a una manada amorfa de átomos sin cualidades ni profundidad cultural, incapaz de pensar de manera diferente y, por lo tanto, de disentir en las formas que no sean las establecidas por el propio poder. De hecho, a diferencia de las sociedades del pasado, la que está bajo el poder del capital ya no necesita normas heterónomas de metafísicas fundadas en verdad, ni en la consecuente persecución de los rebeldes. Descansa únicamente sobre la ampliación nihilista y unidimensional de la forma mercancía y la extensión infinita de la ley del valor de cambio. Diego Fusaro

Este texto de Diego Fusaro describe un diagnóstico bastante radical sobre la sociedad contemporánea bajo el capitalismo. Vamos a desmenuzarlo paso a paso:


1. El fin de la rebelión

“El poder ya no necesita castigar o perseguir a los rebeldes, puesto que no queda ninguno…”

Fusaro está diciendo que la sociedad moderna está tan uniformada, tan absorbida por la lógica del capital, que prácticamente ha eliminado cualquier capacidad de oposición real. No se trata solo de represión política o violencia, sino de una homogeneización cultural y cognitiva: la gente ya no tiene las herramientas mentales, culturales o emocionales para disentir. La resistencia ya no surge porque ya no hay sujetos capaces de construirla.

Es una idea extrema de alienación: la humanidad se convierte en “átomos sin cualidades ni profundidad cultural”, lo que recuerda un poco al concepto de homo economicus: individuos reducidos a su función de consumidores y productores, sin subjetividad crítica.


2. El poder que no necesita normas metafísicas

“…ya no necesita normas heterónomas de metafísicas fundadas en verdad, ni en la consecuente persecución de los rebeldes.”

En las sociedades tradicionales, el poder se justificaba con verdades superiores: religión, filosofía, leyes naturales. Y cuando alguien se rebelaba, era perseguido porque violaba esas normas. Fusaro señala que el capitalismo contemporáneo ya no necesita legitimarse moral o metafísicamente: su fuerza está en la mercancía y el valor de cambio, no en la verdad o la justicia.

Es decir, la norma ya no viene de lo trascendente, sino de lo económico, y todo se subsume a la lógica del dinero.


3. La extensión infinita de la forma mercancía

“…descansa únicamente sobre la ampliación nihilista y unidimensional de la forma mercancía y la extensión infinita de la ley del valor de cambio.”

Aquí Fusaro hace un diagnóstico muy filosófico-económico: el capitalismo domina sin necesidad de represión directa, porque la mercancía se convierte en la forma de vida dominante. Todo se mide por su valor de cambio, y eso condiciona incluso la cultura, el pensamiento y la identidad.

Lo “nihilista” viene de que esta expansión no persigue fines humanos, éticos o culturales: es un valor puramente instrumental, sin profundidad ni sentido más allá del intercambio económico.


🔹 Síntesis

Fusaro está pintando una sociedad en la que:

  • La opresión ya no es violenta ni visible; la sumisión es voluntaria o naturalizada.

  • La cultura y el pensamiento crítico han sido absorbidos por la lógica del capital.

  • No hay necesidad de justificación moral o metafísica: el capital se legitima por sí mismo a través del intercambio económico.

  • La humanidad, así, queda reducida a una existencia unidimensional, definida por consumo y valor económico.

En términos simples, es una visión pesimista y casi apocalíptica sobre la capacidad de resistencia y subjetividad en la sociedad moderna: el capitalismo no necesita perseguir porque todos ya están alineados con él, consciente o inconscientemente.


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