Libertad a la carta: la versión estadounidense
Si crees que en Estados Unidos puedes hablar, protestar o pensar lo que quieras, tengo malas noticias: tu libertad tiene una cláusula pequeña, casi invisible, al final del contrato social. Dice algo así como: “Se permite la libertad… siempre y cuando no te metas con los intereses del poder, los anunciantes o la policía con uniforme impecable”.
Miren a Kaepernick: un atleta profesional, con un talento que muchos envidiarían, decide arrodillarse durante el himno nacional para señalar que hay personas que, simplemente por el color de su piel, son tratadas como ciudadanos de segunda clase.
Nada violento, nada ilegal.
Solo un gesto. ¿Qué sucede?
Los dueños de equipos, esos nobles caballeros de la industria multimillonaria, se unen en silencio como una hermandad secreta y lo excluyen de su trabajo.
“No queremos problemas”, dicen.
Traducción: “No toleramos que alguien nos recuerde que nuestra libertad es selectiva”.
Esto recuerda al macartismo, pero ahora con trajes caros y contratos publicitarios.
Antes quemaban libros y listas negras circulaban por Hollywood; hoy simplemente apagan micrófonos, cierran puertas y te borran del mapa mediático.
La sustancia es la misma: la sociedad dice que respeta la libertad, mientras ejerce violencia silenciosa contra quienes la usan de manera incómoda.
George Carlin habría dicho:
“No te preocupes, tienes libertad… libertad de elegir entre lo que nosotros aprobamos”.
Mencken habría añadido: “Los gringos aman la libertad como aman su hamburguesa: con mucha salsa y solo si es servida en bandeja de plata”.
Y ahí estamos, celebrando la bandera, mientras la verdadera libertad se esconde detrás de contratos, listas negras y sonrisas forzadas.
No se trata de leyes, ni de discursos pomposos; se trata de poder, y el poder no se juega.
La libertad real no se otorga: se conquista, y muchas veces, como Kaepernick muestra, pagarás un precio alto por intentarlo.
Así que sí, Estados Unidos es libre… siempre y cuando no lo estés usando para quejarte del hecho de que no eres libre.
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