sábado, 7 de marzo de 2026

La historia de Goddard y los “deficientes”

A principios del siglo XX, Henry H. Goddard era uno de los psicólogos más influyentes de Estados Unidos. 

Trabajaba en una institución para personas con discapacidad intelectual y fue uno de los principales promotores de las pruebas de inteligencia basadas en el trabajo de Alfred Binet.

Pero Goddard tenía una idea peligrosa:
creía que la “debilidad mental” era hereditaria y que podía identificarse fácilmente con pruebas de inteligencia.

El experimento en Ellis Island

Para demostrar su teoría, Goddard envió asistentes a Ellis Island, el principal punto de entrada de inmigrantes a Estados Unidos.

Allí hicieron algo increíble:

  • Aplicaban pruebas de inteligencia a inmigrantes recién llegados.

  • Muchos no hablaban inglés.

  • Venían cansados tras viajes de semanas en barco.

  • No entendían las preguntas culturales.

Aun así, los evaluaban.

Los resultados parecían “confirmar” la teoría de Goddard:
según sus datos, enormes porcentajes de inmigrantes eran “mentalmente deficientes”.

Por ejemplo, llegó a afirmar que:

  • 83% de los judíos

  • 80% de los húngaros

  • 79% de los italianos

  • 87% de los rusos

eran “feebleminded” (débiles mentales).

Cuando vio estos resultados, Goddard reaccionó con una mezcla de alarma y satisfacción, y dijo algo como:

“Nos mandan a los deficientes. Lo peor de cada raza… ¿Qué va a ser de este país?”

Para él, aquello confirmaba su teoría eugenésica.

El problema: todo estaba mal

Décadas después se vio que el experimento era un desastre metodológico:

  • Las pruebas estaban diseñadas para niños estadounidenses escolarizados.

  • Los inmigrantes no entendían el idioma.

  • Muchas preguntas eran culturales (por ejemplo, sobre costumbres estadounidenses).

  • Se evaluaba a gente agotada y asustada.

El resultado: las pruebas medían cultura y idioma, no inteligencia.

Las consecuencias políticas

Aun así, estas “pruebas” se usaron para justificar políticas migratorias restrictivas, especialmente la Immigration Act of 1924, que limitó fuertemente la entrada de inmigrantes del sur y este de Europa.

El giro final

Lo interesante es que años después el propio Goddard empezó a retractarse. Admitió que muchos inmigrantes clasificados como “deficientes” en realidad eran perfectamente normales e inteligentes.

La historia se volvió un ejemplo clásico de cómo los prejuicios pueden disfrazarse de ciencia.

Este episodio es analizado magistralmente en el libro La falsa medida del hombre de Stephen Jay Gould, donde desmonta muchas de estas pseudociencias sobre la inteligencia.

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