sábado, 21 de marzo de 2026

 Desde Burke, ha sido motivo de orgullo entre los conservadores que el suyo sea un modo contingente de pensamiento. A diferencia de sus oponentes de la izquierda, los conservadores no despliegan un plano antes de que se produzcan los acontecimientos. Leen situaciones y circunstancias, no textos y libros; prefieren la adaptación y la intimación, en vez de la aserción y la declamación. Como veremos, hay cierta verdad en la afirmación de que la mente conservadora es extraordinariamente ágil y presta atención a los cambios de contexto y de fortuna mucho antes de que otros se den cuenta de que ocurren. Con su profunda conciencia del paso del tiempo, el conservador posee un virtuosismo táctico que pocos pueden igualar. Es lógico que el conservadurismo sea especialmente sensible a los movimientos y contramovimientos del poder que he esbozado antes, pues está siempre vinculado a este último. Esos movimientos y contramovimientos, como he dicho, conforman la historia de la política moderna, y parecería extraño que una mente tan en sintonía con las contingencias que se producen a su alrededor no estuviera bien versada en esa historia y no se viera alentada por ella más que por cualquier otra historia.

De hecho, desde la afirmación de Burke de que él y los suyos habían sido «empujados hacia la reflexión» por la Revolución francesa hasta la admisión de Russell Kirk de que el conservadurismo es un «sistema de ideas» que «ha sostenido a los hombres […] en su resistencia contra las teorías radicales y las transformaciones sociales desde el comienzo de la Revolución francesa», el conservador ha afirmado sin ambages que el suyo es un conocimiento producido en reacción a la izquierda.[53] (Burke decía que su «base» era la idea de que nunca había «existido» un «mal» más grande que la Revolución francesa).[54] A veces, esa afirmación ha sido explícita. Salisbury, tres veces primer ministro de Gran Bretaña, escribió que «la implacable e incesante hostilidad hacia el radicalismo es la definición esencial del conservadurismo. El miedo de que los radicales pudieran triunfar es la única causa final que el Partido Conservador puede aducir para justificar su propia existencia».[55] Más de medio siglo después, su hijo Hugh Cecil —entre otras cosas, padrino en la boda de Winston Churchill y preboste de Eton— reafirmó la posición del padre: «Creo que el gobierno descubrirá al final que solo hay una forma de derrotar las tácticas revolucionarias, y es presentando un cuerpo organizado de ideas que sea no revolucionario. Ese cuerpo de ideas es lo que llamo conservadurismo».[56 
Corey Robin 

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