“Seamos realistas y hagamos lo imposible.”
La frase suele atribuirse a Ernesto Che Guevara y fue uno de los lemas del Mayo del 68. Pero más allá de su origen, lo interesante es la tensión que encierra: realismo e imposible parecen enemigos naturales.
Ser realista suele significar aceptar los límites.
Hacer lo imposible implica romperlos.
Entonces, ¿cómo pueden convivir?
1. El realismo como punto de partida, no como jaula
El falso realismo es resignación:
“Así son las cosas.”
“No se puede cambiar.”
“Siempre ha sido así.”
Pero el realismo verdadero es diagnóstico, no rendición. Es ver el terreno con claridad, sin fantasías… para saber dónde golpear.
Los grandes cambios históricos parecían imposibles hasta que dejaron de serlo.
La abolición de la esclavitud.
El voto femenino.
La caída del Muro de Berlín.
Cada uno era “irrealista” hasta que alguien decidió actuar.
Lo imposible suele ser solo lo no intentado colectivamente.
2. El imposible como categoría psicológica
Muchas veces lo imposible no es material, sino interno.
Para alguien con miedo, pasar frente a perros que lo amenazan puede parecer imposible
y descubre que el límite era más psicológico que físico.
Ahí la frase cobra otra dimensión:
Ser realista es aceptar que el miedo existe.
Hacer lo imposible es atravesarlo.
No negar el temor. Caminar con él.
3. El imposible político
En política, la frase es subversiva. Porque el poder siempre define qué es “realista”.
“Es realista privatizar.”
“Es realista resignarse.”
“Es realista obedecer.”
El sistema llama utópico a todo lo que amenaza su estabilidad.
Por eso esta frase fue explosiva en 1968: cuestionaba la definición oficial de realidad.
Es casi una inversión filosófica:
Lo verdaderamente realista es intentar lo que parece imposible, porque la historia no la escriben los prudentes sino los obstinados.
4. El imposible existencial
Pero llevémoslo a algo más íntimo.
Tal vez lo imposible no sea cambiar el mundo.
Tal vez sea algo más silencioso:
-
Decidir no traicionarte.
-
Escribir aunque nadie lea.
-
Ser valiente aunque tiemble la voz.
-
Vivir la soledad sin tristeza, como diría Lacan
A veces lo imposible no es externo, sino sostener una postura ética en medio del ruido.
5. La paradoja final
La frase encierra una paradoja potente:
Si solo hacemos lo posible, nada cambia.
Si ignoramos la realidad, fracasamos.
El punto es tensar la realidad hasta que ceda.
Ser realista no es aceptar los límites del presente.
Es entenderlos lo suficiente como para superarlos.
“Lo imposible es una frontera móvil.”
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