viernes, 27 de febrero de 2026

 Quien puede decidir fuera de la norma es quien domina. El poder es quien decide qué es el estado de excepción. El afuera. 

Sade 

Vamos por capas, sin anestesia pero con bisturí.

La frase “Quien puede decidir fuera de la norma es quien domina. El poder es quien decide qué es el estado de excepción. El afuera” condensa una intuición brutal:
el verdadero poder no obedece la ley, la suspende.

1. Decidir fuera de la norma = soberanía real

Aquí hay un eco clarísimo (aunque anacrónico) de lo que después formulará Carl Schmitt:

Soberano es quien decide sobre el estado de excepción.

La ley parece el centro del orden… pero no lo es. El centro es quien puede romperla sin consecuencias.
El que manda de verdad no es el que aplica la norma, sino el que puede decir:

“Hoy no aplica”.

El policía, el juez, el burócrata obedecen reglas.
El soberano decide cuándo las reglas dejan de valer.

2. El “afuera”: donde nace el poder

El “afuera” es clave. No es el caos, es el espacio previo a la ley, el lugar desde el cual la ley puede ser suspendida, redefinida o pisoteada.

En Sade esto es radical:

  • La moral es una convención.

  • La ley es una ficción útil.

  • La naturaleza (o el deseo) no reconoce límites.

Quien actúa desde el “afuera” no está sometido al contrato social: lo funda y lo destruye cuando quiere.

3. Sade: el libertino como figura del soberano

En Sade, el libertino poderoso:

  • Viola la ley

  • Viola la moral

  • Viola los cuerpos

…no porque sea un rebelde, sino porque puede hacerlo.
La transgresión no es resistencia: es demostración de dominio.

El libertino sadiano dice, en los hechos:

“La norma existe para los débiles. Yo decido cuándo deja de existir”.

Eso es poder desnudo.

4. El estado de excepción como verdad del sistema

Aquí viene lo incómodo:
el estado de excepción no es una anomalía, es el mecanismo oculto de todo orden político.

Guerras, “emergencias”, “crisis”, “amenazas”, “seguridad nacional”, “pandemias”, “terrorismo”:
— momentos en que el poder dice:

“Suspendemos derechos… por tu bien”.

Y en ese gesto se revela quién manda.

No el parlamento.
No la constitución.
El que decide cuándo la constitución se pausa.

5. Lectura política dura

La frase desmonta el mito liberal de que vivimos gobernados por leyes impersonales.
No. Vivimos gobernados por decisiones.

La ley es estable…
hasta que estorba.

Y entonces el poder verdadero emerge desde el “afuera”, como diciendo:

“Esto nunca fue neutral. Siempre fue mío”.

6. Por qué esto incomoda tanto

Porque obliga a aceptar algo peligroso:

  • La justicia no es el fundamento del poder.

  • La legalidad no garantiza legitimidad.

  • La norma protege mientras conviene.

Cuando alguien puede matar, encarcelar, censurar o bombardear “legalmente” porque declaró una excepción, ahí está el soberano real.


En resumen:
Esta frase no glorifica el poder: lo desenmascara.
Nos dice que el dominio no se ejerce obedeciendo reglas, sino decidiendo cuándo dejan de existir.

Y la pregunta que queda flotando —la verdaderamente política— es:

¿quién decide hoy el afuera… y a quién se le permite vivir dentro de la norma?

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