Noticias que enferman
El espectáculo del horror
> "El dolor del otro, cuando se vuelve rutina, se convierte en sombra interior."
— Anónimo, pero podría haberlo dicho cualquier persona después de una semana viendo el noticiero.
El peligro no siempre está afueraCuando
vemos noticias trágicas, creemos que el peligro está “allá afuera”: la
violencia, la corrupción, las catástrofes. Pero hay otro peligro, más
silencioso, que se mete sin que lo notemos: el daño interior que nos
provoca consumir esas noticias sin procesarlas.
Nos
dicen que es importante estar informados, pero nadie nos enseña a
protegernos emocionalmente del impacto que tiene esa información.
Síntomas de un espectador intoxicadoHay
personas que ya no pueden dormir después de ver las noticias. O que
desarrollan un miedo crónico a salir, a confiar, a vivir. Y no porque
les haya pasado algo… sino porque han visto demasiado.
Ansiedad constante
Paranoia social: ya nadie es de fiar, todos son peligrosos.
Cansancio emocional: como si el alma estuviera agotada de sufrir por cosas que no puede cambiar.
Desesperanza: el sentimiento de que “el mundo está perdido” y nada vale la pena.Y lo peor: esto se vuelve normal. Como si estuviéramos obligados a convivir con esas emociones por estar “informados”.
Mente en modo alarmaEl
cerebro humano no distingue fácilmente entre una amenaza real y una
amenaza vista en pantalla. Si ves un tiroteo en vivo o grabado, tu
sistema nervioso se activa igual: libera cortisol, acelera el corazón,
tensa los músculos.
Si
repites esto todos los días, vives en un estado permanente de
hipervigilancia, como si algo terrible fuera a pasar en cualquier
momento.
Este estado
sostenido desgasta tu cuerpo, tu mente y tu ánimo. Y así, sin querer,
las noticias trágicas te convierten en una víctima indirecta del horror
que relatan.
La paradoja emocionalCuriosamente, cuanto más ves tragedias… menos te afecta cada una.
Como
quien vive cerca de una fábrica de ruidos: al principio no duerme, pero
después ya ni lo nota. Así funciona la mente: para sobrevivir, se
desconecta.
Esto explica
por qué muchas personas pueden ver cuerpos desmembrados en redes o
televisión sin parpadear, pero no soportan una conversación íntima sobre
sus propios miedos.
Se vuelven expertos en horrores lejanos y analfabetas del propio dolor.
¿Cómo se rompe este ciclo?1. Filtra lo que consumes
No todo “medio informativo” es sano. Algunos son drogas de ansiedad disfrazadas de periodismo.
2. Pon límites de exposición
No necesitas ver lo mismo cinco veces en cinco portales distintos. Escoge uno. Detente cuando empieces a sentirte mal.
3. Haz pausas conscientes
Silenciar el ruido no es ignorancia: es una forma de cuidar tu salud.
4. Transforma lo visto en acción
Si
algo te conmovió, busca hacer algo al respecto: difundir soluciones,
apoyar causas, escribir, dialogar. El peor lugar donde puede quedarse
una emoción es dentro.
Conclusión: El mundo necesita gente sensible, no rotaLa información es poder, sí. Pero solo si puedes sostenerla sin que te derrumbe.
De lo contrario, se vuelve una carga tóxica que enferma lentamente.
No estamos obligados a tragar el mundo con todo su dolor.
Podemos elegir cómo, cuándo y cuánto ver.
Y sobre todo: podemos proteger la parte más valiosa que nos queda en medio de tanta tragedia ajena…
Nuestra capacidad de sentir sin desbordarnos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario