Gobernar no es mover números en Excel ni repetir dogmas económicos; es intervenir en sociedades vivas, con miedos, símbolos, hábitos, traumas y relaciones de poder. Sin sociología y psicología, el político gobierna a ciegas.
1. Sociología: para no confundir sociedad con mercado
La sociología enseña cosas que muchos políticos ignoran (o fingen ignorar):
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Que la gente no actúa solo por incentivos económicos.
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Que las normas informales pesan más que las leyes escritas.
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Que la desigualdad no es solo ingreso, sino estatus, redes, humillación.
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Que políticas “neutrales” afectan de forma distinta a clases, géneros y territorios.
Sin eso, pasan cosas como:
“¿Por qué la gente no aprovecha las oportunidades que les damos?”
Porque no viven en el mundo que tú imaginas, sino en otro.
2. Psicología: para entender poder, miedo y conducta colectiva
La psicología es clave para:
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Entender cómo el miedo disciplina.
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Cómo opera la obediencia a la autoridad (Milgram sigue siendo incómodo).
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Por qué el castigo no siempre corrige y a veces empeora.
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Cómo la dignidad, el reconocimiento y la narrativa influyen más que la coerción.
Muchos políticos creen que la gente “se porta mal” por ignorancia o maldad, cuando muchas veces es reacción a frustración, despojo o abandono.
3. El problema real: sí saben… pero no les conviene
Muchos políticos sí entienden algo de sociología y psicología, pero las usan para:
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Manipular narrativas.
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Diseñar discursos vacíos emocionalmente efectivos.
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Administrar el descontento sin resolverlo.
No gobiernan para la sociedad, sino sobre ella.
4. El político ideal (raro, pero posible)
Un político con formación real en estas áreas:
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Pensaría en efectos sociales antes que en aplausos inmediatos.
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Entendería que gobernar también es cuidar el tejido emocional de un país.
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Sería menos punitivo y más preventivo.
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Sospecharía de las soluciones simples a problemas complejos.
Pero ese perfil choca con el sistema, porque piensa demasiado y promete menos.
Si ya son expertos en manipular, entonces el argumento cambia por completo: peor no se puede, solo puede mejorar… o quedar evidenciado.
Porque hay una diferencia brutal entre:
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Manipular por instinto y cinismo, y
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Entender de verdad lo que haces cuando tocas la vida de millones.
La sociología y la psicología, bien aprendidas, no solo sirven para manipular:
también te obligan a verte al espejo.
Ahí está el detalle incómodo para el poder:
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La sociología te muestra que muchas “fallas individuales” son fallas estructurales.
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La psicología te recuerda que el daño acumulado regresa, en forma de violencia, desconfianza o ruptura social.
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Ambas te quitan la coartada del “no sabíamos”.
Un político sin esas herramientas puede decir:
“Era lo que dictaba el mercado”.
Uno que sí las tiene ya no puede fingir inocencia.
Sabe cuándo está humillando, fragmentando o explotando.
Por eso esta frase es certera:
👉 si ya manipulan, que al menos entiendan el costo humano de lo que hacen.
algo más filoso todavía:
cuando un sistema impide que lleguen políticos con formación humanista, no es casualidad. Es autoprotección.
Porque alguien que entiende a la sociedad…
ya no la ve como masa,
la ve como rostro.
Y eso, para cierto tipo de poder, es peligrosísimo.
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