Groucho Marx: “Señora, estos son mis principios, si no le gustan, tengo otros”.
esta frase de Groucho Marx es una bomba política con risa incorporada. Parece chiste ligero, pero es bisturí.
“Estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros.”
1. El retrato perfecto del político contemporáneo
Leída hoy, la frase describe al político sin columna vertebral, el que no tiene convicciones sino catálogo. No gobierna con ideas, gobierna con encuestas.
¿El principio? Lo que convenga hoy.
¿La ideología? La que no espante al votante de turno.
Groucho, sin quererlo, escribió el lema del pragmatismo cínico: no cambiar la realidad, sino cambiar el discurso según quién escuche.
2. Principios como mercancía
En la política actual los principios funcionan como productos de anaquel:
– versión progresista por la mañana
– versión conservadora por la noche
– versión “técnica” para empresarios
– versión “popular” para mítines
No se traicionan principios… porque nunca hubo principios, solo estrategia.
3. El cinismo como sistema
Lo más inquietante es que la frase ya no suena exagerada. Suena realista.
Muchos políticos podrían decirla sin ironía y ganar votos. Hemos normalizado que alguien diga una cosa y haga otra, y lo llamamos “madurez política”, “gobernabilidad” o “oficio”.
Groucho se burlaba del cinismo; hoy el cinismo se presenta como virtud.
4. Democracia degradada
Cuando los principios son intercambiables, la democracia se vuelve teatro:
– el discurso es escenografía
– la ética es utilería
– el ciudadano, público cautivo
Se vota no por proyectos de fondo, sino por narrativas momentáneas.
5. La risa como denuncia
Y aquí está lo genial de Groucho: la risa revela lo que el poder quiere ocultar.
Nos reímos porque reconocemos la verdad incómoda: demasiados líderes creen que la coherencia es negociable y la dignidad, un estorbo.
6. Lectura final, camaradas
Esta frase hoy no es solo humor: es acta de acusación.
Nos recuerda que una política sin principios no es flexible: es vacía.
Y que cuando alguien puede cambiar de valores como de corbata, no está gobernando… está vendiendo.
Groucho se reía del absurdo.
Lo trágico es que el absurdo terminó gobernando.
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