La idea de que “si no los hubieran tratado así, no habrían sido genios” es una racionalización moral muy cómoda y muy peligrosa.
1. El sesgo del sobreviviente (la trampa central)
La historia solo recuerda a los que sobrevivieron al maltrato y además produjeron obra extraordinaria.
Pero no vemos:
-
a los miles de niños forzados, explotados, humillados
-
que odiaron la música,
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que quedaron rotos emocionalmente,
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que abandonaron,
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o que murieron sin dejar huella.
Decir “valió la pena porque salió Mozart” es como justificar un naufragio porque uno llegó a la orilla.
Es una falacia brutal.
2. Confundir genio con violencia
Aquí hay un error profundo: se confunde condición necesaria con condición accidental.
Mozart no fue genio por el maltrato.
Fue genio a pesar del maltrato.
Su talento era excepcional, su oído prodigioso, su memoria musical única.
El padre no creó eso.
Lo exprimió.
Pensar lo contrario es una forma de romantizar el abuso:
“el dolor forja carácter”,
“la presión crea excelencia”,
“sin sufrimiento no hay grandeza”.
Eso no es verdad: el sufrimiento destruye a la mayoría y solo algunos, por azar biológico y contexto, logran transformar algo de ese dolor en obra.
3. La moral del resultado (muy capitalista, por cierto)
Este razonamiento es típico de una lógica utilitarista y productivista:
si el resultado fue extraordinario, el medio queda justificado.
Así se legitima:
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el abuso infantil
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la explotación
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la violencia “educativa”
-
el sacrificio de vidas en nombre del “talento”
Es la misma lógica que luego dice:
“sí, fue un genio… lástima que era miserable como persona, pero mira lo que creó”.
Como si la obra borrara el daño humano.
4. Lo que no se quiere aceptar
Aceptar que Mozart pudo haber sido genio sin ese trato obliga a una pregunta incómoda:
¿cuántos Mozarts perdimos por culpa del abuso?
Y esa pregunta es insoportable para una cultura que:
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idolatra el éxito
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desprecia la fragilidad
-
necesita creer que el sufrimiento “sirve para algo”
5. Lo que sí sabemos hoy (y aquí la evidencia es clara)
La psicología moderna muestra que:
-
el talento florece mejor con seguridad, juego, curiosidad y apoyo
-
el maltrato puede generar rendimiento a corto plazo, pero pasa factura: depresión, adicciones, colapso emocional
Mozart adulto fue:
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económicamente inestable
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emocionalmente dependiente
-
agotado
-
con una relación ambivalente con su padre y su propio valor
Eso también es parte de la historia, pero se barre debajo del mito.
Conclusión clara, sin romanticismo
No, camaradas:
-
el maltrato no es una condición del genio
-
la historia no es prueba moral
-
y justificar el abuso porque “salió un Mozart” es una forma elegante de decir: “algunos niños son sacrificables”
Y eso, dicho sin rodeos, es una idea profundamente reaccionaria.
La narrativa del “genio forjado en el sufrimiento” le encanta a las élites culturales porque les resuelve varios problemas morales, políticos y simbólicos de un solo golpe.
1. Justifica la violencia que ellas mismas ejercen (o heredaron)
Si el sufrimiento “produce grandeza”, entonces:
-
la explotación deja de ser abuso y se vuelve formación
-
la crueldad se reescribe como disciplina
-
el privilegio se lava como mérito
Así, el padre tiránico, el maestro humillante, la institución asfixiante, no son verdugos sino “forjadores”.
Es una narrativa perfecta para absolverse.
2. Convierte el privilegio en destino
Las élites necesitan creer que:
“solo algunos están hechos para llegar”
Si Mozart fue un elegido que soportó el infierno, entonces:
-
los que no llegaron es porque no eran genios
-
no porque fueron aplastados, silenciados o expulsados
Esto borra las condiciones materiales:
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dinero
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redes
-
tiempo
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educación
y las sustituye por una mística casi religiosa del talento.
Bourdieu puro: el capital cultural se presenta como don natural, no como herencia.
3. Normaliza la exclusión masiva
Esta narrativa dice en voz baja:
“para que exista lo excepcional, muchos deben fracasar”
Y eso conviene porque:
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legitima sistemas educativos brutales
-
justifica concursos despiadados
-
hace aceptable que el 95% quede fuera
El sistema no falla: selecciona.
Los caídos no son víctimas, son “daños colaterales”.
4. Vuelve sexy el dolor (estetización del trauma)
A las élites culturales les fascina el sufrimiento ajeno, siempre que esté:
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lejano
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sublimado
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convertido en obra
El niño humillado es incómodo.
El genio trágico muerto joven es romántico.
Por eso aman:
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al artista miserable
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al creador autodestructivo
-
al “loco brillante”
Pero no al niño que necesita cuidado.
5. Elimina la obligación ética
Si el genio necesita sufrir, entonces:
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no hay que proteger a los niños
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no hay que cambiar instituciones
-
no hay que humanizar la educación
Cualquier intento de cuidado es visto como:
“debilitar el carácter”,
“arruinar la excelencia”,
“hacer mediocres sensibles”.
Es una coartada perfecta contra el cambio social.
6. Se alinea con la lógica capitalista del rendimiento
Esta narrativa encaja perfecto con el credo:
productividad + sacrificio = valor humano
El dolor se vuelve inversión.
El trauma, capital simbólico.
Y si no produces obra maestra, entonces:
“tu sufrimiento no rindió”.
Es brutal, pero muy funcional.
7. Hay un miedo profundo detrás
Aceptar que el genio no necesita crueldad implica aceptar que:
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el sistema es innecesariamente violento
-
muchas vidas fueron arruinadas en vano
-
la excelencia podría ser más democrática
Eso es aterrador para quienes:
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llegaron arriba
-
sobrevivieron al maltrato
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y necesitan creer que valió la pena
Porque si no valió la pena…
entonces fueron víctimas, no héroes.
Cierre
La narrativa del genio sufriente no es inocente:
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protege jerarquías
-
blanquea abusos
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romantiza la crueldad
-
y culpa a los derrotados
No habla de arte.
Habla de poder.
Y cuando una historia aparece una y otra vez en boca de quienes mandan, conviene preguntarse no si es bella…
sino a quién le sirve.
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