la historia de Efraín Ríos Montt es la historia de uno de los episodos más oscuros de América Latina en el siglo XX. No es un personaje menor: su nombre está ligado directamente a la violencia extrema del conflicto armado en Guatemala.
1. El contexto: Guatemala en guerra
Guatemala vivió una guerra interna larguísima (1960–1996) entre el Estado y guerrillas de izquierda. Fue un conflicto marcado por desigualdad brutal, racismo estructural contra los pueblos indígenas mayas y una élite económica cerrada.
El Ejército, respaldado por sectores empresariales y en distintos momentos por Estados Unidos (en el marco de la Guerra Fría), asumió que cualquier organización campesina, indígena o sindical podía ser “comunista”.
En ese caldo de cultivo aparece Ríos Montt.
2. El golpe de Estado (1982)
Efraín Ríos Montt era general del Ejército. En marzo de 1982 participó en un golpe de Estado que derrocó al presidente Romeo Lucas García.
Se convirtió en jefe de una junta militar y luego en presidente de facto.
Llegó al poder con un discurso moralista, anticorrupción y religioso. Era evangélico —algo poco común en la política latinoamericana de alto nivel en ese momento— y utilizaba un tono casi pastoral en sus discursos.
Decía que iba a “moralizar” el país.
Lo que vino fue otra cosa.
3. La política de “tierra arrasada”
Entre 1982 y 1983, su gobierno aplicó una estrategia contrainsurgente brutal, especialmente en el altiplano indígena.
La lógica era clara y terrible:
Si la guerrilla se esconde entre la población, entonces la población es el enemigo.
Se implementaron masacres sistemáticas en comunidades mayas (especialmente del pueblo ixil), destrucción de aldeas completas, asesinatos, desapariciones, violaciones, quema de cultivos y desplazamientos forzados.
La Comisión para el Esclarecimiento Histórico (creada tras la guerra) documentó más de 200,000 muertos o desaparecidos durante el conflicto, y determinó que el Estado fue responsable de la gran mayoría de las atrocidades.
En el período de Ríos Montt ocurrió uno de los momentos más intensos de violencia.
Por eso, décadas después, fue acusado de genocidio.
4. El juicio histórico
En 2013, ya anciano, Ríos Montt fue llevado a juicio en Guatemala por genocidio y crímenes contra la humanidad.
Fue un momento histórico: por primera vez en América Latina un exjefe de Estado era juzgado en su propio país por genocidio.
Fue condenado a 80 años de prisión.
Pero diez días después, la Corte de Constitucionalidad anuló la sentencia por irregularidades procesales. El proceso continuó en distintas formas hasta que murió en 2018 sin una sentencia firme.
Legalmente murió sin condena definitiva.
Históricamente, su nombre quedó asociado al genocidio.
5. El discurso religioso y la paradoja
Algo especialmente inquietante fue su uso del discurso cristiano.
Predicaba los domingos.
Hablaba de Dios.
Decía que estaba salvando a Guatemala del comunismo.
Ese cruce entre fundamentalismo religioso y violencia estatal recuerda otros momentos de la Guerra Fría donde la fe fue utilizada como arma ideológica.
Aquí hay una lección dura, camaradas: el lenguaje moral no garantiza moralidad. A veces la recubre.
6. ¿Fue genocidio?
El debate jurídico gira en torno a si hubo intención específica de destruir al grupo maya ixil como tal.
La Comisión de la Verdad concluyó que sí hubo actos de genocidio.
El tribunal que lo condenó en 2013 también.
Sus defensores argumentan que fue una guerra contra insurgentes, no contra un grupo étnico.
Pero los testimonios de sobrevivientes, los patrones de masacres y los documentos militares muestran una persecución sistemática contra comunidades indígenas específicas.
7. El legado
Ríos Montt dejó varias cosas:
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Una herida profunda en la memoria indígena.
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Un precedente judicial importante.
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Un debate sobre la responsabilidad del Estado en América Latina.
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Un ejemplo extremo de cómo la Guerra Fría convirtió conflictos sociales en guerras totales contra la propia población.
Guatemala firmó la paz en 1996.
Pero la desigualdad estructural que alimentó el conflicto sigue ahí.
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