sábado, 28 de febrero de 2026

David Benatar (n. 1966) es un filósofo sudafricano, profesor en la University of Cape Town, conocido sobre todo por defender el antinatalismo: la postura filosófica de que traer nuevas personas al mundo es moralmente problemático.

📚 Su obra más famosa

  • Better Never to Have Been (2006)

En ese libro formula su argumento central:

Venir a la existencia siempre implica un daño.

🧠 ¿Cuál es su idea principal?

Benatar sostiene una tesis llamada “asimetría del placer y el dolor”:

  1. La presencia de dolor es mala.

  2. La presencia de placer es buena.

  3. La ausencia de dolor es buena (aunque no haya nadie que disfrute esa ausencia).

  4. La ausencia de placer no es mala si no existe alguien que se vea privado de él.

De ahí concluye que no traer a alguien al mundo evita sufrimiento sin perjudicar a nadie, mientras que traerlo inevitablemente lo expone al dolor.

En otras palabras: para Benatar, incluso una vida “buena” contiene suficiente sufrimiento como para que haber existido sea un perjuicio comparado con no haber existido.

🔥 Por qué es polémico

  • Va contra una intuición humana muy fuerte: que la vida es, en general, un bien.

  • Desafía ideas religiosas y culturales sobre la procreación.

  • Es usado como referencia en debates sobre ética, natalidad, sufrimiento y sentido de la vida.


Benatar sería uno de los filósofos más radicales en ese debate. Para él, no tener hijos no solo no es egoísta… sería moralmente preferible.

1️⃣ El corazón del argumento: la “asimetría”

Benatar dice:

  • Dolor = malo

  • Placer = bueno

  • Ausencia de dolor = bueno (aunque no exista nadie que lo disfrute)

  • Ausencia de placer = no es malo si no hay nadie que lo pierda

De ahí concluye: no crear a alguien evita un mal sin causar un mal.


🔎 Primera crítica fuerte: la asimetría es discutible

El punto vulnerable está aquí:

¿Por qué la ausencia de dolor es “buena” si no existe nadie?

Si no hay sujeto, ¿para quién es bueno?
Muchos filósofos dicen que “bueno” y “malo” requieren alguien que experimente.

Si nadie existe, no hay ni bien ni mal.
Hay simplemente nada.

La asimetría depende de aceptar que “evitar un dolor potencial” ya cuenta moralmente aunque no haya sujeto. Ese es un salto conceptual importante.


🔎 Segunda crítica: el sesgo pesimista

Benatar sostiene que:

  • Sobreestimamos la calidad de nuestras vidas.

  • Tenemos mecanismos psicológicos que nos hacen creer que estamos mejor de lo que estamos.

Esto tiene algo de verdad (adaptación hedónica, sesgos cognitivos).
Pero el contraargumento es fuerte:

Si la mayoría de las personas, incluso en condiciones difíciles, prefieren vivir antes que no haber existido… ¿eso no cuenta como evidencia?

Él responde que ese juicio está distorsionado por nuestro instinto de supervivencia.

Pero entonces entramos en un terreno delicado:
¿está equivocado casi todo el mundo… y solo el filósofo tiene claridad?

Eso suena intelectualmente arriesgado.


🔎 Tercera crítica: problema práctico

Si su argumento fuera correcto y universalmente aceptado:

  • La humanidad debería extinguirse voluntariamente.

  • Todo proyecto humano carecería de continuidad.

Algunos dicen que su teoría es coherente pero existencialmente invivible.

No es una contradicción lógica, pero sí un choque brutal con nuestra estructura biológica y cultural.


🔎 Cuarta crítica: el problema del consentimiento

Un argumento común a favor de Benatar es:

Nadie puede consentir nacer.

Pero tampoco puede consentir no nacer.

Aplicar el consentimiento a la no-existencia es complicado, porque no hay sujeto.


🧠 Ahora lo interesante

Benatar no dice que debamos suicidarnos.
Dice que una vez que existimos, tenemos intereses que proteger.

Su postura es preventiva, no nihilista.

Eso lo hace filosóficamente más sofisticado de lo que parece.


🎯 evaluación honesta

Su argumento:

  • Es lógicamente elegante.

  • Es consistente.

  • Pero depende de aceptar una asimetría moral muy discutible.

  • Y descansa en una visión bastante pesimista del balance vida-sufrimiento.

No es absurdo.
Pero tampoco es una verdad demolida que obligue a todos.



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