“Creemos ser país y la verdad es que somos apenas paisaje.”
Nicanor Parra —con su ortografía de cachetada— no describe una geografía: describe una relación de poder.
Un país es algo más que un pedazo de tierra con himno. Es conflicto organizado, proyecto compartido, instituciones que no se arrodillan al primer caudillo con micrófono.
Un país es algo más que un pedazo de tierra con himno. Es conflicto organizado, proyecto compartido, instituciones que no se arrodillan al primer caudillo con micrófono.
Es memoria, reglas, disputa, responsabilidad.
Un país decide.
El paisaje, en cambio, solo está.
Lo miran.
Lo atraviesan.
Lo explotan.
Lo fotografían.
El paisaje no habla: es hablado.
El paisaje, en cambio, solo está.
Lo miran.
Lo atraviesan.
Lo explotan.
Lo fotografían.
El paisaje no habla: es hablado.
No vota: es contado.
No gobierna: es gobernado.
Parra sugiere —sin pedir permiso— que muchas sociedades latinoamericanas viven en esa ilusión óptica: creemos tener Estado cuando en realidad tenemos escenografía.
Parra sugiere —sin pedir permiso— que muchas sociedades latinoamericanas viven en esa ilusión óptica: creemos tener Estado cuando en realidad tenemos escenografía.
Hay banderas, hay desfiles, hay discursos solemnes… pero las decisiones reales se toman en otro lado: en el mercado, en el extranjero, en la élite, en el algoritmo, en la sobremesa de unos cuantos.
Políticamente, la frase es una acusación brutal:
no somos sujetos históricos, somos fondo de pantalla.
El poder pasa, posa, se toma la foto y sigue su camino.
Políticamente, la frase es una acusación brutal:
no somos sujetos históricos, somos fondo de pantalla.
El poder pasa, posa, se toma la foto y sigue su camino.
El paisaje no interrumpe.
No exige.
No desobedece.
Solo decora el saqueo con volcanes, selvas o pobreza pintoresca.
Y aquí viene el veneno fino:
cuando una sociedad se concibe como paisaje, normaliza la impotencia.
Y aquí viene el veneno fino:
cuando una sociedad se concibe como paisaje, normaliza la impotencia.
La desigualdad parece “natural”, la corrupción “parte del clima”, la violencia “relieve del terreno”. Como si todo fuera geografía y nada fuera política.
Parra se ríe, pero la risa es ácida:
no basta con existir para ser país.
Hay que ejercer la condición.
Porque el día que el paisaje se organiza, habla y se mueve… deja de ser paisaje.
Y eso es exactamente lo que más teme el poder:
Parra se ríe, pero la risa es ácida:
no basta con existir para ser país.
Hay que ejercer la condición.
Porque el día que el paisaje se organiza, habla y se mueve… deja de ser paisaje.
Y eso es exactamente lo que más teme el poder:
que el fondo empiece a reclamar el centro.
Poético, sí.
Pero sobre todo: una advertencia política disfrazada de verso.
Poético, sí.
Pero sobre todo: una advertencia política disfrazada de verso.

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