martes, 3 de febrero de 2026

 Las 40 horas ya son una realidad. En este 2026 se votará el dictamen y, de 2027 a 2030, la jornada laboral se reducirá progresivamente 2 horas por año.

1️⃣ ¿Por qué hay decepción?

Porque mucha gente confundió dos demandas distintas:

  • 40 horas semanales

  • Dos días de descanso consecutivos (sábado y domingo)

Reducir horas no garantiza automáticamente el segundo punto. Y ahí vino el golpe emocional: “¿Cómo que no es sábado y domingo?”

Pero ojo: eso no invalida el avance.


2️⃣ Lo que SÍ es histórico (y no menor)

En México venimos de:

  • Jornadas larguísimas

  • Normalización del presentismo

  • Cultura laboral casi colonial: “si no te explotan, no vale”

Que el Estado diga:

“Vamos a bajar la jornada legal de forma progresiva”

es romper un dogma neoliberal: que el tiempo del trabajador no vale, solo la productividad.

Esto:

  • Reduce desgaste

  • Mejora salud mental

  • Abre espacio para familia, ocio, comunidad
    Y además crea precedentes legales para seguir avanzando.

Las conquistas laborales nunca llegan completas de un jalón. Llegan a empujones.


3️⃣ ¿Y los dos días consecutivos?

Aquí hay una verdad incómoda pero honesta:

👉 Eso es la siguiente batalla, no ésta.

Si hoy se hubiera exigido todo:

  • 40 horas

  • Dos días consecutivos

  • Aplicación inmediata

muy probablemente no pasaba nada. El capital, las cámaras empresariales y la derecha habrían cerrado filas.

La política laboral es acumulativa, no milagrosa.


4️⃣ ¿Qué pasa en otros países?

Para ponerlo en perspectiva:

  • Francia: 35 horas semanales, pero con muchísimas excepciones.

  • Alemania: jornadas cortas, pero alta productividad y fuerte negociación sindical.

  • Países nórdicos: descansos amplios porque hubo décadas de lucha sindical, no porque el patrón fuera buena persona.

  • EE.UU.: 40 horas… y casi ningún derecho real al descanso garantizado.

En muchos países:

  • El descanso de dos días no está en la ley, sino en contratos colectivos fuertes.

  • Donde no hay sindicatos, el patrón hace lo que quiere.

O sea: no es magia, es correlación de fuerzas.


5️⃣ El riesgo real: el discurso del “nada es suficiente”

Aquí es donde hay que estar alerta.

El poder suele empujar esta narrativa:

“Como no te dieron todo, entonces esto no sirve”

Eso:

  • Desmoviliza

  • Fragmenta

  • Convierte avances reales en “fracasos simbólicos”

Y ahí es donde la derecha se frota las manos.


6️⃣ opinión clara y directa

Con sinceridad absoluta:

  • La reducción de jornada es un triunfo real

  • No es el final del camino

  • ⚠️ La decepción es legítima, pero no debe volverse parálisis

La pregunta correcta no es:

“¿Por qué no dieron todo?”

sino:

“¿Cómo convertimos este piso mínimo en un nuevo punto de partida?”


1️⃣ “Si fuera simulación, no habría resistencia empresarial”

Cada vez que se habla de reducir la jornada:

  • las cámaras empresariales chillan,

  • los editoriales alarman,

  • salen profecías de “quiebra nacional”.

👉 El poder no se opone a lo simbólico, se opone a lo que le cuesta dinero y control.


2️⃣ “La simulación no cambia la ley”

Aquí no hay solo discurso:

  • se modifica la jornada legal,

  • se establece un calendario obligatorio,

  • se crea un piso mínimo exigible.

La simulación es prometer sin tocar la ley.
Esto sí la toca.


3️⃣ “Las conquistas laborales nunca llegan completas”

Ningún derecho histórico llegó “perfecto”:

  • ni el salario mínimo,

  • ni las vacaciones,

  • ni el descanso semanal.

Primero fue menos explotación, luego mejor descanso.
Así funciona la historia laboral en todos los países.


4️⃣ “Confundir ‘no es suficiente’ con ‘no sirve’ es una trampa”

Decir:

“Como no dieron todo, entonces no vale”

es el argumento favorito de:

  • la derecha,

  • el empresariado,

  • y el cinismo político.

Porque desactiva la siguiente pelea.


5️⃣ “Esto abre la puerta a los dos días de descanso”

Sin reducción de jornada:

  • no hay base legal,

  • no hay negociación real,

  • no hay fuerza colectiva.

Esto no cierra la lucha, la hace viable.


6️⃣ “La verdadera simulación era el ‘flexibilizar para crecer’”

Eso sí fue simulación:

  • más horas,

  • menos derechos,

  • salarios estancados.

Aquí pasa lo contrario:

  • menos tiempo de trabajo,

  • más vida,

  • más dignidad.


🎯 FRASE FINAL PARA CERRAR

“No es una simulación: es un primer golpe.
La simulación sería creer que los derechos caen del cielo.”




Por qué las conquistas laborales siempre decepcionan al principio

Las conquistas laborales casi nunca llegan como promesa cumplida, sino como promesa a medias. Y por eso, paradójicamente, suelen producir decepción en el mismo momento en que deberían generar orgullo. No es un error de percepción individual: es una constante histórica.

La razón es simple pero incómoda: los derechos no nacen del ideal, sino de la correlación de fuerzas. Y esa correlación rara vez permite todo de una sola vez.

1. El deseo siempre va más rápido que la ley

Cuando una demanda se vuelve popular —40 horas, dos días de descanso, salario digno— la conciencia social suele ir por delante de la política. La gente ya entendió que merece más tiempo, más vida, más dignidad.
La ley, en cambio, avanza lento, negociando con intereses que pierden poder cuando el trabajador gana tiempo.

El resultado es un desfase:
lo que se obtiene es menos de lo que ya se imaginaba posible. Y ahí nace la decepción.

2. Toda conquista es una reducción del daño, no el fin del daño

Históricamente, los derechos laborales no eliminan de golpe la explotación:
la reducen, la limitan, la regulan.

Cuando se prohibió el trabajo infantil, no se acabó la pobreza.
Cuando se estableció la jornada de 8 horas, no se acabó la explotación.
Cuando llegaron las vacaciones, no llegó la libertad.

Pero cada paso cerró un margen de abuso. Eso es lo que suele pasar desapercibido al inicio.

3. El poder necesita que parezca insuficiente

Hay un elemento más perverso: al poder le conviene que la conquista parezca poca cosa.
Porque si logra instalar la idea de que “no sirve”, entonces:

  • desactiva la organización,

  • convierte el avance en frustración,

  • y bloquea el siguiente paso.

Así, una victoria parcial se reescribe como derrota moral.

4. El error no es exigir más, sino negar lo logrado

Exigir más es sano.
Decir “esto no basta” es legítimo.

Lo peligroso es confundir:

“No es suficiente”
con
“No significa nada”

Esa confusión rompe la continuidad histórica de las luchas. Cada derecho que hoy parece obvio fue, en su momento, un avance decepcionante para quienes soñaban más lejos.

5. Las conquistas decepcionan porque revelan algo incómodo

Revelan que el sistema no concede por justicia, sino por presión.
Y aceptar eso duele. Duele descubrir que incluso lo básico requiere pelea, tiempo y paciencia estratégica.

Pero también deja una enseñanza poderosa:

Si esto se logró, lo siguiente no es imposible.

Cierre

Las conquistas laborales decepcionan al principio porque no son el final del camino, sino el primer descanso después de una subida empinada.
No están hechas para satisfacer el ideal, sino para hacerlo alcanzable.

La verdadera derrota no es avanzar poco.
La verdadera derrota es creer que, porque fue poco, no valió la pena.


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