domingo, 21 de marzo de 2021

 Algunas mujeres radicales eran escépticas. La anarquista y feminista Emma Goldman dijo lo que pensaba -contundentemente, como siempre sobre el tema del sufragio femenino: Nuestro fetiche moderno es el sufragio universal... No hay ninguna razón en absoluto para creer que el voto ha ayudado o ayudará a la mujer en su ascenso hacia la emancipación... El desarrollo de la mujer, su libertad y su independencia deben surgir de sí misma. Primero, reafirmando su personalidad. Segundo, negando a cualquiera el derecho sobre su cuerpo, negándose a tener hijos a menos que lo desee, negándose a ser una sirvienta de Dios, del Estado, de la sociedad, de su marido, de su familia, etc, haciendo su vida más sencilla pero más rica y profunda... Sólo eso, y no el voto, liberará a la mujer… Helen Keller escribía en 1911 a una sufragista en Inglaterra: Nuestra democracia no es más que un nombre. ¿Votamos? ¿qué significa eso? Significa que elegimos entre dos facciones de verdaderos autócratas, aunque no lo reconozcan. Elegimos entre Fulano y Mengano... pedís el voto para la mujer… pero vuestros hombres, con sus millones de votos ¿se han liberado de esta injusticia?

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