martes, 30 de marzo de 2021

 Pese a que Pinochet entendía poco sobre inflación y tipos de interés, los tecnos hablaban un lenguaje que comprendía. Para ellos la economía era una fuerza de la naturaleza a la que había que respetar y obedecer porque “ir contra la naturaleza es contraproducente y es engañarse a uno mismo”, como explicó Piñera. Pinochet estaba de acuerdo: la gente, escribió en una ocasión, debe someterse a la estructura porque “la naturaleza muestra que el orden básico y la jerarquía son necesarios”. Esta convicción compartida de obedecer unas leyes naturales superiores formó la base de la alianza Pinochet-Chicago. Durante el primer año y medio Pinochet siguió fielmente las reglas de Chicago: privatizó algunas, aunque no todas, empresas estatales (entre ellas varios bancos); permitió formas nuevas y muy avanzadas de especulación financiera; abrió las fronteras a las importaciones extranjeras, derribando las barreras que habían protegido durante muchos años a las manufacturas chilenas y recortó el gasto público un 10% excepto, claro, el gasto militar, que aumentó significativamente. También eliminó el control de precios, una decisión radical en un país que llevaba regulando el coste de productos de primera necesidad como el pan y el aceite durante décadas. Los de Chicago le aseguraron a Pinochet que si hacía que el gobierno dejara de intervenir en esas áreas rápidamente, las leyes “naturales” de la economía harían que se recuperara el equilibrio y la inflación -que consideraban una especie de fiebre económica que indicaba la presencia de organismos insalubres en el mercado-descendería mágicamente. Se equivocaban. En 1974, la inflación alcanzó el 375%, la tasa más alta en todo el mundo y casi el doble de su punto más alto con Allende. El precio de productos de primera necesidad como el pan se puso por las nubes. En paralelo, los chilenos perdían su empleo gracias a que el experimento de Pinochet con el “libre mercado” estaba inundando el país de importaciones baratas. Las empresas locales cerraban a docenas, incapaces de competir; el desempleo alcanzó cifras récord, y se extendió el hambre. El primer laboratorio de la Escuela de Chicago estaba en caída libre.

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