sábado, 24 de octubre de 2026

  "Ahora que todas las regiones

quieren ser naciones

yo busco la tierra de nadie

un lugar sin nombre

que nadie reclame

un lugar de paso

transitorio como la vida misma

sin patria

sin banderas

sin fronteras

sin lengua identitaria

más que la lengua de la poesía.

Territorio de los sueños

donde todo está por empezar

donde todo está por explorar".


Cristina Peri Rossi


Este poema tiene una posición política muy interesante: frente a un mundo que se divide para afirmar identidades, el autor propone un territorio donde nadie tenga que demostrar a quién pertenece. No es solamente una declaración de cosmopolitismo; también puede leerse como una crítica al nacionalismo, a las fronteras y a la necesidad de convertir la identidad en una forma de pertenencia obligatoria.

 La idea más fértil del poema está en su rechazo a convertir la pertenencia en una obligación absoluta.

No necesitamos imaginar un mundo en el que todos abandonemos nuestras lenguas, nuestras historias o nuestros afectos para reconocer que ninguna nacionalidad hace a una persona intrínsecamente superior a otra.

Podemos amar un lugar sin considerarlo propiedad exclusiva de nuestra identidad. Podemos preservar una tradición sin convertirla en una exigencia para los demás. Podemos sentirnos parte de una comunidad sin aceptar que esa pertenencia determine a quién debemos temer o despreciar.

La dificultad consiste en construir una solidaridad suficientemente amplia para reconocer al otro como igual, pero suficientemente respetuosa de las diferencias para no exigirle que deje de ser quien es.

El poema imagina una tierra de nadie. Tal vez su desafío político consista en construir algo distinto: una tierra en la que todos podamos tener un lugar sin que nadie tenga que demostrar que merece existir en ella.

Porque el verdadero problema de las fronteras no es únicamente que separen territorios. Es que, en determinadas circunstancias, terminan separando a quienes merecen derechos de quienes deben suplicar por ellos.

Y quizá la utopía que propone el poema no consista en dejar de pertenecer a cualquier lugar, sino en conseguir que ningún lugar nos pertenezca tanto como para hacernos olvidar que los demás también tienen derecho a habitar el mundo.


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