Butt le preguntó a Thatcher cuáles eran sus prioridades para el resto de su mandato como primera ministra. Como respuesta, ella manifestó que las políticas de los últimos años habían virado en exceso hacia el socialismo y la gente había acabado confiando demasiado en el Estado en vez de contar con sus propias fuerzas y el apoyo mutuo. «Es un enfoque equivocado —declaró rotundamente— . Tenemos que cambiarlo».
Luego procedió a explicar cómo se proponía lograrlo.
«Mi objetivo no es la política económica —manifestó sinceramente —, lo que quiero cambiar es la manera de actuar y los cambios en la economía son el medio para cambiar esta forma de actuar. Cambiarla significa intervenir directamente sobre el corazón y el espíritu de la nación. La economía es el método, el objetivo es transformar el corazón y el espíritu ».
Davies James
El pasaje es una de las declaraciones más reveladoras de Margaret Thatcher porque desmonta la idea de que el neoliberalismo fue únicamente un programa económico. Thatcher admite sin rodeos que la economía era un instrumento para una transformación mucho más profunda: modificar la cultura, los valores y la manera en que las personas se relacionan entre sí y con el Estado. En la entrevista con Ronald Butt para The Sunday Times en 1981 afirmó: «La economía es el método; el objetivo es cambiar el corazón y el alma». (Fundación Margaret Thatcher)
El significado político de la frase
Thatcher consideraba que durante décadas Gran Bretaña había avanzado hacia una "sociedad colectivista", donde las personas confiaban demasiado en las instituciones públicas y demasiado poco en la responsabilidad individual. Para ella, el problema no era simplemente económico, sino moral y cultural. (Fundación Margaret Thatcher)
Por eso las privatizaciones, la reducción del Estado, la flexibilización laboral o la disminución del poder sindical no eran fines en sí mismos. Eran herramientas para producir un nuevo tipo de ciudadano:
Más competitivo que solidario.
Más consumidor que ciudadano.
Más responsable de su destino individual que participante de proyectos colectivos.
Más inclinado a ver el éxito o el fracaso como méritos o errores personales.
Una revolución cultural disfrazada de economía
La importancia histórica de esta confesión radica en que muestra que el neoliberalismo no buscaba solamente reorganizar mercados, sino redefinir la naturaleza humana y social.
Donde el Estado de bienestar promovía ideas como seguridad social, cooperación y responsabilidad colectiva, el proyecto thatcherista pretendía reinstalar valores como:
Autosuficiencia.
Competencia.
Propiedad privada.
Emprendimiento individual.
Desconfianza hacia la acción colectiva.
En otras palabras, Thatcher no quería simplemente que la gente trabajara bajo nuevas reglas económicas; quería que pensara de manera diferente.
Una lectura desde la crítica social
Muchos autores críticos, desde Pierre Bourdieu hasta David Harvey, han visto en esta frase una confesión extraordinariamente honesta. Según esta interpretación, el neoliberalismo no es solo una doctrina económica, sino una forma de ingeniería social que moldea deseos, aspiraciones e identidades.
La pregunta deja de ser: ¿qué tipo de economía queremos? para convertirse en: ¿qué tipo de seres humanos produce esa economía?
Cuando el mercado invade cada vez más aspectos de la vida —educación, salud, relaciones laborales e incluso afectivas— las personas comienzan a verse a sí mismas como pequeñas empresas que deben optimizarse continuamente.
La paradoja
Lo más llamativo es que Thatcher defendía la libertad individual, pero reconocía abiertamente que pretendía transformar la mentalidad de toda una nación. Hay una tensión evidente entre la idea de individuos libres y un proyecto político que busca moldear sistemáticamente sus valores.
Por eso esta frase sigue siendo citada más de cuarenta años después: porque revela que detrás de las disputas sobre impuestos, privatizaciones o gasto público se libraba una batalla mucho más profunda por el sentido de la vida social y por la definición misma de lo que significa ser ciudadano. (Fundación Margaret Thatcher)
Como observó el historiador Tony Judt, las grandes transformaciones políticas triunfan cuando logran que sus valores parezcan sentido común. Thatcher comprendió eso perfectamente: no quería solo cambiar las reglas del juego; quería cambiar a los jugadores.
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