miércoles, 26 de agosto de 2026

 Junto con el declive del crecimiento económico, la desigualdad creciente y la transferencia del dominio público a la propiedad privada, la corrupción es el cuarto problema del capitalismo contemporáneo. En su intento de rehabilitarlo recordando sus fundamentos éticos, Max Weber trazó una línea nítida entre capitalismo y codicia, señalando lo que pensaba que eran sus orígenes en la tradición religiosa del protestantismo. En opinión de Weber, la codicia había existido en todas partes siempre; no solo no era distintiva del capitalismo, sino que era capaz de pervertirlo. El capitalismo no se basaba en un deseo de hacerse rico, sino en la autodisciplina, el trabajo metódico, la dirección responsable, la dedicación serena a una tarea y una organización racional de la vida. Weber preveía que los valores culturales del capitalismo se difuminarían a medida que este madurase y se convirtiera en una «jaula de hierro» en la que la regulación burocrática y las restricciones de la competencia ocuparan el lugar de las ideas culturales que habían servido originalmente para desligar la acumulación de capital tanto del consumo materialista-hedonista como de los instintos primitivos de acaparamiento. Lo que no pudo prever, sin embargo, fue la revolución neoliberal del último tercio del siglo XX y las oportunidades sin precedentes que proporcionó para hacerse muy rico.

WOLFGANG STREECK

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