martes, 7 de julio de 2026


 "Si te esfuerzas, todo es posible."

Qué hermosa, brillante y monumental porquería de frase.

Es el eslogan oficial del autoengaño colectivo, la joya de la corona del lavado de cerebro moderno. Una frase diseñada específicamente por los dueños del circo para que el ratón no deje de correr en la rueda, completamente convencido de que, si corre un kilómetro más, la rueda mágicamente se convertirá en un palacio.

Vamos a desmenuzarla un segundo, solo para ver las costuras de este fraude intelectual. "Si te esfuerzas, todo es posible." ¿En serio? ¿Todo? Intenta ganarle una carrera a un guepardo corriendo descalzo. Intenta revivir a tu abuela con la fuerza del pensamiento positivo. Intenta convencer a la gravedad de que hoy tienes muchas ganas de flotar. No se puede. Porque existen límites físicos, biológicos, económicos y estructurales. Pero nos fascina ignorar las estructuras.

El truco de magia de la clase política y de los sumos sacerdotes del libre mercado es brillante: trasladar la responsabilidad del sistema al individuo. Si el sistema te aplasta, la culpa no es del sistema que está diseñado como un embudo gigante para succionar la riqueza hacia arriba; la culpa es tuya. Te faltó "ganas". No te "pusiste la camiseta". No te despertaste a las cuatro de la mañana a decretar el éxito mientras meditabas en una tina de hielo.

Es una perversión psicológica perfecta. Si tienes tres empleos, duermes cuatro horas al día, no ves a tus hijos, tienes las articulaciones destruidas y aun así no te alcanza para pagar la renta, el diagnóstico oficial de la sociedad no es que la economía está rota. No, no. El diagnóstico es que no te estás esforzando lo suficiente. ¡Échale más ganas! ¡El límite está en tu mente!

Por supuesto, la frase necesita ejemplos para funcionar. Y ahí es donde entra la pornografía de la superación personal: la historia del tipo que nació en una caja de cartón, vendió chicles, estudió bajo una farola y ahora es dueño de una multinacional. "¡Si él pudo, tú también!".

A ver, genio, eso se llama sesgo de supervivencia. Es estadística básica de primaria. Te muestran al único tipo que cruzó el campo minado a ciegas y sobrevivió, y te dicen: "¡Vieron que sí se puede caminar por ahí!". Lo que nunca te muestran es el cementerio de millones de personas que se esforzaron exactamente igual, o más, y terminaron saltando por los aires porque el terreno estaba hecho para que estallaran.

La realidad que la política quiere esconder bajo la alfombra de la meritocracia es incómoda: el punto de partida importa. El maldito código postal donde naces predice tu futuro financiero con más exactitud que cualquier examen de coeficiente intelectual o recuento de horas de sudor. Si naces en la cima de la montaña, solo tienes que quedarte parado ahí para ser un "ganador". Si naces en el fondo de un pozo petrolero, tienes que escalar una pared de hielo con las uñas solo para llegar a la superficie y que te digan: "Bienvenido, ahora compite en igualdad de condiciones con el que nació arriba".

Pero claro, si la gente común dejara de creer en este cuento de hadas, si se diera cuenta de que el esfuerzo sin oportunidades es solo explotación con buen marketing... bueno, los de arriba tendrían un problema serio. Tendrían que explicar por qué las reglas del juego están amañadas. Tendrían que lidiar con personas enojadas, no con personas culpables y deprimidas que van a la librería a comprar el último éxito de un tipo que se hizo millonario... vendiendo libros sobre cómo hacerse millonario.

Así que la próxima vez que un político con traje de tres mil dólares o un conferencista motivacional que vive de tus entradas te diga que "todo es posible si te esfuerzas", revisa tus bolsillos. Porque mientras te aplauden el discurso y te dicen que mires al cielo, te están robando la cartera.

Nos vendieron la idea de que el éxito es una ecuación individual: esfuerzo = recompensa. Como si el mundo fuera una máquina expendedora. Metes sacrificio, aprietas el botón... y sale prosperidad.

¿De verdad?

Entonces explícame por qué hay personas que limpian hospitales, recogen basura, trabajan en el campo, construyen edificios y hacen funcionar ciudades enteras... y siguen siendo pobres.

¿No se esforzaron suficiente?

Qué conveniente.

Si triunfas, el sistema dice: "¡Ves! Funciona."

Si fracasas: "No trabajaste lo suficiente."

Es un juego donde el casino nunca pierde.

Porque hablar únicamente de esfuerzo permite borrar del mapa palabras incómodas: herencia, privilegio, corrupción, monopolios, discriminación, contactos, educación desigual, salud, suerte...

La suerte. Esa palabra que al capitalismo le da alergia.

Hay gente que nace diez metros antes de la meta y luego escribe libros sobre la importancia de no rendirse.

Y luego aparecen dando conferencias:

"Todos tenemos las mismas 24 horas."

Claro.

Tú heredaste una empresa.

Otro heredó deudas.

Pero sí... las mismas veinticuatro horas.

Es maravilloso cómo el sistema convierte problemas colectivos en culpas individuales.

No puedes comprar una casa.

Es tu culpa.

Los salarios llevan décadas estancados.

Es tu mentalidad.

Las universidades cuestan una fortuna.

Haz un curso de motivación.

La vivienda se volvió impagable.

Levántate a las cinco de la mañana.

¡Eso lo arregla todo!

El meme no dice que el esfuerzo no importe. Dice algo más incómodo.

Dice que el esfuerzo es condición para muchas cosas... pero no garantía de casi ninguna.

Y aceptar eso da miedo.

Porque significa reconocer que una sociedad puede premiar menos el mérito que la posición desde la que empiezas.

Eso no significa abandonar el esfuerzo.

Significa dejar de usarlo como religión.

Porque cuando el esfuerzo se convierte en dogma, deja de servir para inspirar y empieza a servir para justificar injusticias.

Y ahí es donde un Carlin cerraría con una sonrisa amarga:

"Si realmente todo fuera posible con esfuerzo, los multimillonarios no gastarían fortunas asegurándose de que sus hijos nazcan con ventaja. Lo hacen porque conocen la verdad mejor que nadie: el esfuerzo importa... pero el punto de partida y las reglas del juego también. Lo único que es realmente posible para todos es que te culpen cuando el sistema falla."

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