miércoles, 29 de julio de 2026

 El sistema económico convierte desigualdades históricas y relaciones de poder en algo que parece natural, técnico e inevitable.  

Esta premisa da en el clavo de uno de los mecanismos más efectivos de cualquier sistema hegemónico: la despolitización de la economía. Cuando el poder logra disfrazarse de neutralidad, deja de ser cuestionado.

El análisis de cómo se opera esta transformación se puede desglosar en  tres ejes:

1. La Naturalización: De la historia a la "condición humana"

El sistema tiende a borrar las huellas del pasado. Las desigualdades actuales no surgieron de la nada; son el resultado de procesos históricos concretos: despojos, colonialismo, leyes de herencia sesgadas y asimetrías de poder acumuladas por siglos.

Sin embargo, el relato económico dominante opera una alquimia cultural: transforma la historia en naturaleza.

  • El mecanismo: Te dice que la acumulación desmedida es solo "ambición natural", que la pobreza es falta de iniciativa individual ("meritocracia") y que el mercado funciona bajo leyes cuasi-biológicas (como la selección natural).

  • El resultado: Si la desigualdad es un rasgo natural del ser humano, rebelarse contra ella es tan inútil como enojarse porque llueve.

2. La Tecnificación: El refugio de la neutralidad

Este es quizás el truco más contemporáneo. Las decisiones políticas (quién paga impuestos, dónde se invierte, qué vidas se rescatan en una crisis) se trasladan al lenguaje de la técnica, la matemática y la burocracia.

  • El mecanismo: Las discusiones sobre justicia distributiva se sustituyen por gráficos de eficiencia, tasas de interés, optimización fiscal y algoritmos de riesgo. Se asume que los economistas y los tecnócratas son científicos objetivos que solo leen datos, no actores políticos con intereses específicos.

  • El resultado: Al convertir un conflicto de poder en un problema técnico, se expulsa al ciudadano común del debate. "Esto es un asunto de expertos, usted no lo entendería". La política se reduce a administración.

3. La Inevitabilidad: El realismo capitalista

Es lo que el teórico Mark Fisher llamaba Realismo Capitalista: la atmósfera mental en la que parece más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo.

  • El mecanismo: Se presenta al modelo actual no como una opción entre muchas, sino como la única forma viable de organizar la sociedad. Cualquier alternativa es tachada de utópica, arcaica o económicamente suicida.

  • El resultado: La resignación. Las relaciones de poder se aceptan como una fuerza de la gravedad. No te gustan, pero tienes que adaptarte a ellas para sobrevivir.

El mayor éxito del sistema económico actual no es generar riqueza, sino haber logrado que el statu quo parezca una ley de la física. Al despojar a la economía de su carácter político, se anula la capacidad de imaginar un diseño distinto.


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