Lo que se volvió viral fue un video de Nunzia Rojo de la Vega, hermana de Alessandra Rojo de la Vega.
Según los videos y reportes, Nunzia contó que estaba hospitalizada y colocó un letrero en la puerta que decía algo similar a:
"No pasar. Respetar sueño de 22:00 a 8:00."
Sin embargo, un médico entró alrededor de las 6 de la mañana para revisarla. Ella expresó su molestia porque, según dijo, no se respetó el aviso
EL LETRERO EN LA PUERTA
Vivimos en una época maravillosa. Ya no basta con enfermarse. Ahora también queremos personalizar la enfermedad.
Llegas al hospital y pegas un letrero: "No molestar." Como si el virus fuera un vendedor de enciclopedias y la neumonía dijera: "Uy, mejor regreso a las ocho".
¿En qué momento confundimos un hospital con un hotel boutique?
En un hotel, el letrero significa: "Déjenme dormir". En un hospital, significa: "Espero que mi presión arterial también sepa leer".
La medicina tiene una costumbre muy molesta: funciona aunque interrumpa tu descanso. Qué grosería. Los médicos tienen la manía de revisar a los pacientes cuando más probabilidades hay de detectar un problema. Deberían esperar a que uno despierte de buen humor. Total, ¿qué es un paro cardíaco comparado con una noche mal dormida?
Pero lo más interesante no es el letrero.
Es la cultura que lo hizo parecer una idea razonable.
Nos enseñaron que todo gira alrededor del consumidor. El cliente siempre tiene la razón. Puedes personalizar tu café, tu pizza, tu automóvil, tu perfil, tu algoritmo... y un día alguien piensa: "¿Por qué no personalizar también el horario del hospital?"
Porque el mercado vende una fantasía muy rentable: la ilusión de que siempre mandas tú.
Hasta que aparece la realidad.
Y la realidad no negocia.
La infección no respeta horarios. El sangrado no agenda citas. La fiebre no consulta tu calendario. La muerte, esa vieja maleducada, jamás toca la puerta.
Claro, también hay algo incómodo del otro lado.
Muchos hospitales despiertan pacientes por rutinas burocráticas, papeleo o procesos que podrían organizarse mejor. El descanso también cura. No toda interrupción está justificada.
Pero una cosa es pedir un sistema más humano.
Y otra creer que un cartel en la puerta suspende las obligaciones médicas.
Lo verdaderamente fascinante es que millones discutieron el letrero durante días.
Mientras tanto, siguen faltando médicos, camas, medicamentos y personal suficiente.
Ese es el truco de nuestra época.
Nos indignamos por el cartel.
Olvidamos el edificio.
Porque discutir un letrero es fácil.
Discutir por qué tantos hospitales trabajan al límite... eso ya requiere pensar.
Y pensar, aparentemente, sigue siendo el único servicio que nadie quiere contratar.
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