¿Votaron por la derecha en Colombia y Perú? ¡Por supuesto que votaron por la derecha! ¿Qué esperaban? ¿Un milagro?
Ese es el gran chiste de la humanidad, ¿saben? Nos encanta cambiar de carcelero y pretender que es un avance. Llevamos siglos atrapados en este sube y baja político mental. Unos años votamos por la izquierda porque los de la derecha nos robaron hasta los calzones, y cuando los de la izquierda demuestran ser exactamente igual de incompetentes, pero con un discurso más aburrido y poético, la gente se asusta, entra en pánico y dice: "¡Oh, no! ¡Comunismo! ¡Nos van a quitar las vacas que no tenemos! Rápido, traigan de vuelta a los ladrones de corbata, a esos ya los conocemos".
¡Es una genialidad del marketing! La ilusión de la elección. Izquierda, derecha... ¡Es el mismo monstruo con dos traseros distintos, amigos!
Miren a Perú. Perú cambia de presidente como quien cambia de calcetines. Tienen más expresidentes en prisión o prófugos que en los libros de historia. Es un récord mundial. Votan por un tipo que promete el paraíso del pueblo, el tipo no sabe ni ponerse el sombrero al derecho, colapsa el sistema, y la solución del público es: "Bueno, el experimento popular no funcionó, volvamos a la oligarquía tradicional. Ellos roban con más elegancia, usan cubiertos de plata". ¡Por favor!
Y Colombia... ¡Ah, Colombia! El país del realismo mágico, donde lo único mágico es cómo la gente sigue creyendo en las promesas de campaña. Tuvieron su primer gobierno de izquierda, la gente pensó: "¡Por fin! ¡El cambio!". Pero se dieron cuenta de que "el cambio" significaba simplemente que los nuevos burócratas querían su turno en el banquete. Así que, ¿qué hace el votante promedio? Se asusta de la retórica, extraña el viejo orden militarizado y corre de vuelta a los brazos de los mismos terratenientes y empresarios que los han tenido exprimiendo limones los últimos sesenta años.
¿Saben lo que es la derecha y la izquierda en Súmerica? Es el juego de la soga, pero la soga está amarrada al cuello del ciudadano común. Unos tiran para un lado, los otros tiran para el otro, y el tipo del medio solo se va quedando sin aire mientras dice: "Vaya, este nuevo nudo se siente más democrático".
A los dueños del circo —y hablo de los verdaderos dueños, los banqueros, las multinacionales, los tipos que financian las campañas de ambos lados— les importa un comino quién gane. Ellos ganan siempre. Si gana la derecha, privatizan y hacen negocios; si gana la izquierda, compran los bonos de deuda pública más baratos y esperan a que el país quiebre para comprarlo a precio de saldo. Es un negocio redondo.
Pero el público sigue yendo a las urnas con su carita de optimismo, haciendo fila bajo el sol, convencidos de que esta vez sí. "Esta vez el millonario de la derecha sí va a pensar en mi pensión". Es hermoso. Es una fe conmovedora. Es la misma fe que se necesita para creer que el lobo va a cuidar a las ovejas porque esta vez el lobo prometió volverse vegano.
Disfruten el nuevo gobierno, amigos. Será exactamente igual al anterior, pero con un logo diferente y marchas militares en lugar de canciones de protesta. Al final del día, la derecha o la izquierda no importan. La única dirección que cuenta es hacia abajo... que es hacia donde nos dirigimos todos, y a una velocidad envidiable.
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