Hobbes: el miedo como origen del Estado
Si Maquiavelo nos mostró cómo se ejerce el poder, Thomas Hobbes nos explica por qué necesitamos que exista.
En Leviatán, Hobbes parte de una idea radical: imaginemos al ser humano sin leyes, sin Estado, sin autoridad. Lo que encuentra no es libertad idílica, sino algo mucho más inquietante: una guerra constante de todos contra todos.
Su famosa frase lo resume todo:
“El hombre es el lobo del hombre.”
En ese estado de naturaleza, nadie puede confiar en nadie. Todos tienen derecho a todo, y precisamente por eso, nadie está seguro. La vida, dice Hobbes, sería:
“solitaria, pobre, desagradable, brutal y corta.”
Aquí entra el giro clave: para escapar de ese caos, los individuos hacen un pacto. Renuncian a parte de su libertad y la entregan a una autoridad común: el Estado.
Ese Estado es el Leviatán, una figura casi monstruosa que concentra el poder para garantizar algo fundamental: la seguridad.
Y aquí viene lo incómodo:
para Hobbes, es preferible un gobierno fuerte —incluso autoritario— antes que regresar al caos. La libertad sin orden no vale nada si te pueden matar en cualquier momento.
A diferencia de pensadores posteriores, Hobbes no cree que el poder deba dividirse ni limitarse demasiado. Si el soberano pierde fuerza, el sistema colapsa y volvemos al estado de guerra. Por eso su propuesta es clara:
mejor obedecer que vivir con miedo constante.
Ahora, —aquí está la tensión interesante:
Hobbes construye el Estado desde el miedo, no desde la virtud (como Aristóteles) ni desde la justicia ideal (como Platón). El orden político no nace porque seamos buenos, sino porque tenemos miedo de lo que somos capaces de hacernos unos a otros.
Y si lo miras bien… esa idea sigue viva. Cada vez que la gente acepta vigilancia, militarización o restricciones “por seguridad”, Hobbes está respirando detrás.
Su pregunta sigue siendo incómoda:
👉 ¿Cuánta libertad estás dispuesto a sacrificar para sentirte seguro?
Porque en el fondo, Hobbes no confía en nosotros.
Y si somos honestos… a veces hay razones para entender por qué.
📚 Referencia:
Leviatán, 1651.
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