La forma en que se experimentaba y se informaba la crisis era radicalmente distinta a la de hoy. Durante las décadas de los 70, 80 y principios de los 90, la inflación no era solo un tema de conversación; era una fuerza que reconfiguraba la vida diaria en cuestión de horas.
cómo se manejaba esa realidad tanto en la calle como en los medios:
1. El manejo mediático: Entre el "Optimismo Nacionalista" y el Silencio
En la era de la hegemonía del PRI, la relación entre el gobierno y los grandes medios de comunicación era de una cercanía casi simbiótica. Las noticias no solían presentarse como una "catástrofe" de gestión, sino bajo estas narrativas:
El Enemigo Externo: Se culpaba a factores internacionales, como la caída de los precios del petróleo o las tasas de interés en EE. UU., para eximir de culpa a la política económica interna.
La "Solidaridad" como Eufemismo: En lugar de hablar de colapso, se hablaba de "tiempos de sacrificio" y "pactos de solidaridad económica". Los titulares enfocaban las reuniones de líderes obreros y empresariales con el presidente como un esfuerzo de unidad nacional.
Normalización del Shock: Las devaluaciones (como las de 1976, 1982 o 1994) se anunciaban a menudo de forma súbita, usualmente después de que el presidente en turno jurara "defender el peso como un perro". El impacto inicial era de shock, pero el aparato mediático rápidamente pasaba a la fase de "ajuste necesario para el futuro".
2. ¿Cómo sobrevivía la gente? Estrategias de Guerra Económica
Sin las herramientas digitales de hoy, la supervivencia era una cuestión de velocidad y redes vecinales:
Remarcaje Inmediato: En las tiendas de abarrotes y supermercados, era común ver a empleados cambiando las etiquetas de precios varias veces al día. La gente aprendió que si cobraba su quincena, debía gastarla esa misma tarde en bienes no perecederos (latas, arroz, aceite), porque al día siguiente su dinero valdría menos.
La Cultura de la Tanda y el Trueque: Ante la pérdida de poder adquisitivo, las "tandas" y los intercambios de servicios cobraron una relevancia vital para financiar gastos básicos o emergencias.
Compras de Pánico y Desabasto: La inflación desmedida provocaba que los comerciantes escondieran mercancía esperando a que el precio subiera más, lo que generaba filas enormes para conseguir productos básicos como leche en polvo o azúcar.
3. La Diferencia con la Inflación Actual
Aunque hoy la inflación molesta y afecta el bolsillo, la diferencia técnica y social es abismal:
La "Catástrofe" Silenciosa
Más que una noticia de catástrofe diaria, se vivía en una incertidumbre permanente. La gente se acostumbró a que el ahorro en pesos era imposible. Por eso, las generaciones que vivieron el "error de diciembre" de 1994 o la crisis del 82 desarrollaron un miedo profundo a la deuda y una desconfianza histórica hacia los anuncios oficiales de "bonanza económica".
Hoy se percibe como catástrofe porque tenemos memoria de estabilidad, pero en aquel entonces, la crisis era, lamentablemente, el paisaje cotidiano.
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