La clase dominante triunfa en toda la línea e impone de manera cada vez más penetrante su orden real y simbólico —siempre en nombre del evangelio de la competitividad global— así como la supresión de los derechos fundamentales conquistados en el pasado (trabajo, salud, educación, etcétera).
En la forma de una auténtica
«rebelión de las élites», desde 1989 el amo está recuperando todo lo
que el esclavo había conseguido a través de la organización y la lucha
de clases. Con la realización de la «aristocracia financiera» (Finanzaristokratie), concebida por Marx como el resultado de la
financiarización del capital, la nueva élite neofeudal, que controla el
nuevo orden mundial, está llevando a cabo una exitosa ofensiva sin
precedentes contra un esclavo precarizado y sin conciencia de clase.
Está desestructurando la dimensión del trabajo y de los derechos,
fragmentando la conciencia opositora y neutralizando las formas del
disentimiento.
Sin embargo, no nos quitan todo de
una vez. Si lo hicieran, el dispositivo utilizado resultaría demasiado
evidente y todo el mundo comprendería fácilmente la esencia de la
condición neoliberal que estamos viviendo en nuestras propias carnes.
Por esta razón, la supresión de los derechos es el resultado de una
acción continua, lenta y diligente: pieza por pieza, un derecho tras
otro, conquista tras conquista, al compás de avances y retrocesos que
nunca dan lugar a un auténtico cambio, más bien ocultan el movimiento
unidireccional con el que nos están quitando todo, haciendo que parezcan
privilegios los que hasta ayer eran derechos. Y así, paso a paso, nos
empujan hacia atrás, no nos dejan nada, nos presentan lo impensable como
si fuera aceptable.
La astucia de la razón
capitalista consiste no solo en la gradualidad con la que lleva a cabo
esta supresión organizada de las conquistas, sino también en su
habilidad para encargar ese papel a las fuerzas del ala izquierda del
espectro político, fuerzas que, mientras tanto, han pasado —traicionando
totalmente la letra y el espíritu de Marx y Gramsci— de la lucha contra
el capital a la lucha por el capital. De hecho, si las fuerzas de la
derecha tradicional hubieran actuado en esa dirección, enseguida
resultaría evidente la verdadera naturaleza del proceso que hoy se está
llevando a cabo y, eventualmente, podría organizarse, desde abajo hacia
arriba, la reacción de los que no se conforman.
El entorno en que
vivimos, donde es cada vez más evidente la refeudalización de las
relaciones sociales, la actual «carnicería social», en nombre de la
supresión de los derechos, de los recortes salariales y, en general, de
la masacre del esclavo, actúa aprovechando el hecho de que el delantal
rojo de las izquierdas oculta las salpicaduras de sangre de los
trabajadores y los jubilados, los precarios y los desempleados.
Diego Fusaro
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