Escuchar a Reagan hablar del éxito del Estado de Bienestar es como escuchar a un caníbal dándote consejos sobre nutrición.
¿Se dan cuenta del truco semántico? "El éxito se mide por cuántas personas abandonan los programas". ¡Claro! ¡Es la métrica perfecta! Si dejas de financiar el programa, la gente lo abandona. Si endureces las reglas para que necesites un doctorado en astrofísica y el sacrificio de una cabra solo para obtener un cupón de comida, la gente lo abandona.
¡Éxito! ¡Misión cumplida! El paciente murió, pero la fiebre desapareció, ¿verdad?
Es el lenguaje de los dueños del club, ese club privado en el que tú y yo no estamos invitados.
Para ellos, la "asistencia social" es una mala palabra, como si fuera un virus. Pero cuando se trata de "asistencia corporativa", de rescatar bancos que jugaron al Monopoly con tu hipoteca o de dar subsidios a petroleras que están asando el planeta... ¡ahí no llaman a eso dependencia!
Ahí lo llaman "estímulo económico". Ahí el éxito no se mide por cuántas empresas dejan de mamar de la teta del Estado. ¡No, señor! Ahí el éxito se mide por cuánto más pueden succionar este año.
Dicen que quieren que seas "independiente". ¡Qué palabra tan bonita! Independiente. Significa que ahora eres libre de elegir entre trabajar tres turnos en un almacén sin aire acondicionado o morir de hambre debajo de un puente que ellos mismos olvidaron reparar.
Te quitan la red de seguridad y te dicen: "¡Mira cómo vuela!". No estás volando, Reagan; estás cayendo, y el suelo se acerca muy rápido.
Al final, todo se resume a esto: quieren que los pobres se sientan culpables por necesitar ayuda, mientras los ricos se sienten orgullosos por recibir regalos fiscales.
Es un juego de manos. Te hablan de "dignidad laboral" mientras te vacían los bolsillos. Y lo más triste es que la mitad del país aplaude mientras les quitan la silla, convencidos de que, si tan solo se esfuerzan un poquito más, algún día ellos también podrán ser los que quiten las sillas.
Es un gran circo, y tú tienes el peor asiento de la carpa.

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