domingo, 8 de marzo de 2026

 El público no siempre logra darse cuenta de la manipulación de los medios. 

Fue lo que ocurrió en 2001 con la destrucción de las Torres Gemelas. Una vez más, aprovechando la tragedia, los expertos en propaganda y guerra psicológica de Washington lograron imponer su agenda a la audiencia; se impuso de nuevo la informaciónespectáculo, disfrazada de información neutral. 

Afloró el modelo CNN. Horas y días en los noticieros las imágenes de los aviones estrellándose una y otra vez contra el World Trade Center de Nueva York. “Usted ve la historia hacerse ante sus ojos.” De nuevo la autoabolición del periodista, la ideología del directo. Pero el Pentágono ya había comenzado a fabricar al nuevo Satán, al nuevo Hitler; al bastardo de turno, Osama Bin Laden, una creación de Washington, igual que Leónidas Trujillo en República Dominicana y Manuel Antonio Noriega en Panamá.

El 10 de octubre de 2001, la cadena de televisión CNN difundió la “recomendación” del vocero de la Casa Blanca, Ari Fleischer, para abstenerse de difundir imágenes de Bin Laden, ya que los integrantes de Al Qaeda “podrían utilizar los consorcios mediáticos para enviar mensajes codificados”. 
La preparación del consenso mediático a favor del ataque de Estados Unidos contra Afganistán se observó con precisión en las principales cadenas de televisión estadounidenses: ABC, CBS, CNN, FOX y NBC. Sin embargo, el virtual “bombardeo” de la imagen de Bin Laden tomada de la televisora árabe Al Jazeera rompió con las reglas no escritas de la alta censura en los medios. 
Carlos Fazio 

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