Votar por la derecha no es darle like a un tuit enojado ni repetir un eslogan envuelto en bandera. Es comprar —consciente o inconscientemente— un paquete completo: menos Estado para algunos, más mercado para otros, jerarquías presentadas como “orden natural”, desigualdad maquillada de “mérito” y una nostalgia selectiva por un pasado que nunca fue tan dorado como lo pintan.
Si alguien solo consume TikTok y Twitter de derecha dura, lo que recibe no es pensamiento político, sino publicidad ideológica en formato snack: frases rápidas, villanos claros, cero contexto histórico y una épica de víctima permanente.El algoritmo
no informa: entrena reflejos. Como perro de Pavlov, pero con Wi-Fi.
Sin historia no hay brújula.
Sin lectura no hay matices.
Sin contraste no hay decisión, solo reacción.
Entonces esa persona no “elige” la derecha:
la repite.
No vota un proyecto: vota una emoción (miedo, enojo, resentimiento, fantasía de orden).
Sin historia no hay brújula.
Sin lectura no hay matices.
Sin contraste no hay decisión, solo reacción.
Entonces esa persona no “elige” la derecha:
la repite.
No vota un proyecto: vota una emoción (miedo, enojo, resentimiento, fantasía de orden).
Es política hecha con adrenalina, no con ideas.
Y ojo: esto vale para cualquier trinchera.
Y ojo: esto vale para cualquier trinchera.
Pero la derecha mediática
actual vive de eso: de que no preguntes qué pasó antes, quién ganó
siempre y quién pagó la cuenta.
Así que no: no sabe lo que significa votar por la derecha.
Sabe cómo se siente votar por la derecha.
Y confundir sentimiento con conocimiento es el truco más viejo del poder:
te quitan el libro, te dan el megáfono y te dicen que eso es libertad.
Así que no: no sabe lo que significa votar por la derecha.
Sabe cómo se siente votar por la derecha.
Y confundir sentimiento con conocimiento es el truco más viejo del poder:
te quitan el libro, te dan el megáfono y te dicen que eso es libertad.
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