El opresor no seria tan fuerte si no tuviese complices entre los propios oprimidos
esa frase es dinamita moral.
La idea —que suele atribuirse a Simone de Beauvoir aunque circula en varias versiones— apunta a algo incómodo: el poder no se sostiene solo por la fuerza bruta, sino por la colaboración activa o pasiva de los dominados.
Vamos por partes.
1. El poder nunca es solo violencia
Un régimen puramente basado en la represión física es inestable y costoso. Como explicó Antonio Gramsci, el poder se mantiene sobre todo por hegemonía, es decir, por lograr que los dominados acepten como “normal” el orden existente.
El opresor necesita:
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Funcionarios que ejecuten órdenes.
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Policías y soldados que obedezcan.
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Periodistas que narren la realidad desde su marco.
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Ciudadanos que repitan el discurso.
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Gente común que diga: “Así son las cosas”.
Sin eso, el poder se agrieta.
2. ¿Por qué el oprimido colabora?
Aquí está lo verdaderamente perturbador.
No siempre es por maldad. A veces es por:
a) Miedo
El costo de resistir puede ser altísimo.
b) Conveniencia
Algunos obtienen pequeños privilegios dentro del sistema: un ascenso, seguridad, reconocimiento.
c) Interiorización
Aquí entraría algo que analizó Frantz Fanon: el colonizado puede terminar viendo el mundo con los ojos del colonizador. El oprimido puede llegar a creer que merece su posición.
d) División
El poder divide a los dominados: pobres contra pobres, trabajadores contra migrantes, morenos contra morenos, izquierda contra izquierda. Si los de abajo pelean entre sí, los de arriba descansan.
3. La complicidad puede ser pasiva
No siempre se trata de traición activa. A veces es:
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Silencio.
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Indiferencia.
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“No es mi problema”.
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“Yo solo quiero vivir tranquilo”.
Como diría Hannah Arendt, el mal puede volverse banal cuando la gente deja de pensar críticamente y simplemente cumple su rol.
4. Pero cuidado con el simplismo
Esta frase es poderosa, pero puede volverse injusta si se usa para culpar a las víctimas.
No todo colaborador es libre de elegir.
No todo silencio es consentimiento.
No toda obediencia es convicción.
El poder también produce dependencia económica, psicológica y cultural.
5. La dimensión más profunda
La frase sugiere algo aún más radical:
El opresor no solo domina cuerpos.
Domina imaginarios.
Cuando el oprimido:
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Defiende al que lo explota.
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Repite discursos que lo perjudican.
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Ataca a otros oprimidos.
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Ridiculiza la solidaridad.
Entonces el poder ya no necesita tanta fuerza. Se vuelve invisible.
6. Y ahora lo incómodo
Todos, en algún nivel, somos oprimidos en unas estructuras… y cómplices en otras.
Consumimos productos hechos en condiciones injustas.
Callamos ante abusos que no nos afectan directamente.
Aceptamos narrativas convenientes.
La frase no es solo acusación política.
Es un espejo.
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