Si llevamos la intuición de Dante Alighieri al terreno del capitalismo, la frase deja de ser solo una advertencia moral individual y se vuelve casi una radiografía del sistema.
El capitalismo moderno no solo tolera la avaricia: la necesita. La convierte en motor. La traduce en crecimiento, en innovación, en competencia. Bajo esa lógica, “tener más hambre después de comer” no es un defecto… es una virtud productiva. Una empresa que se conforma, muere. Un mercado que se estanca, colapsa. Un consumidor satisfecho deja de ser útil.
Entonces ocurre algo inquietante: lo que Dante veía como una deformación del alma, el sistema lo institucionaliza.
La publicidad, por ejemplo, no vende productos: fabrica insatisfacción. Te convence de que lo que tienes no es suficiente, de que lo que eres no basta. Y justo cuando alcanzas eso que deseabas, aparece una nueva carencia cuidadosamente diseñada. El deseo deja de ser una experiencia humana espontánea y se convierte en un circuito programado.
Pero hay que ser justos —y aquí conviene no caricaturizar—: el capitalismo también ha canalizado ese “hambre” hacia logros reales. Ha impulsado avances tecnológicos, ha sacado a millones de personas de la pobreza, ha expandido posibilidades materiales como nunca antes en la historia. El problema no es el impulso de querer más, sino que ese impulso no tenga límite ni dirección ética.
Porque cuando el “más” se vuelve un fin en sí mismo, todo lo demás se subordina: el tiempo, la salud, la naturaleza, las relaciones humanas. Y ahí la frase de Dante regresa con fuerza: comer ya no es para nutrirse, sino para seguir teniendo hambre.
El sistema, en su versión más extrema, produce individuos que nunca llegan a habitar lo que consiguen. Siempre están en tránsito hacia lo siguiente. Siempre en deuda con un futuro que promete satisfacción y nunca la entrega del todo.
Entonces la cuestión no es simplemente “capitalismo sí o no”. Es más incómoda:
¿puede existir un sistema basado en el deseo creciente sin terminar erosionando la capacidad humana de sentirse satisfecho?
¿lo que estás persiguiendo lo quieres tú… o te enseñaron a tener hambre de ello?

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