viernes, 27 de marzo de 2026

 “Aunque la mona se vista de seda, mona se queda.”

Ah, sí… la “sabiduría popular”.
Traducción simultánea: “no importa cuánto mejores, yo ya decidí que eres menos.”

Qué frase tan conveniente, ¿no?
Sirve para todo:
—Para burlarte del que se arregla.
—Para bajarle los humos al que progresa.
—Para recordarle a alguien que, según tú, nunca va a estar a tu nivel.

Y lo mejor: ni siquiera tienes que argumentar.
Lo dices, te ríes… y listo. Violencia gratis, envuelta en refrán.

Porque seamos honestos:
cuando alguien suelta esa frase, no está hablando de “esencia”.
Está diciendo: “aunque te vistas bien, sigues siendo feo.”
O peor: “aunque subas, sigues siendo de abajo.”

Es como si la gente necesitara creer que los demás no pueden cambiar…
porque si pudieran, entonces su supuesta “superioridad” se tambalea.

Y luego está lo de “mona”.
Claro, porque nada dice “soy una persona civilizada” como comparar a otro ser humano con un animal para hacerlo menos.

Pero aquí viene lo incómodo:
la gente sí cambia.

Cambia de ideas.
Cambia de vida.
Cambia de apariencia.
Cambia de historia.

Lo que no cambia tan fácil…
es la necesidad de algunos de mantener a otros en su lugar.

Así que la próxima vez que escuches ese dicho, entiéndelo bien:
no describe a la persona de la que hablan…

describe a quien necesita decirlo.

Y eso sí que no lo arregla ni la seda.

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