“Aunque la mona se vista de seda, mona se queda.”
Ah, sí… la “sabiduría popular”.
Traducción simultánea: “no importa cuánto mejores, yo ya decidí que eres menos.”
Qué frase tan conveniente, ¿no?
Sirve para todo:
—Para burlarte del que se arregla.
—Para bajarle los humos al que progresa.
—Para recordarle a alguien que, según tú, nunca va a estar a tu nivel.
Y lo mejor: ni siquiera tienes que argumentar.
Lo dices, te ríes… y listo. Violencia gratis, envuelta en refrán.
Porque seamos honestos:
cuando alguien suelta esa frase, no está hablando de “esencia”.
Está diciendo: “aunque te vistas bien, sigues siendo feo.”
O peor: “aunque subas, sigues siendo de abajo.”
Es como si la gente necesitara creer que los demás no pueden cambiar…
porque si pudieran, entonces su supuesta “superioridad” se tambalea.
Y luego está lo de “mona”.
Claro, porque nada dice “soy una persona civilizada” como comparar a otro ser humano con un animal para hacerlo menos.
Pero aquí viene lo incómodo:
la gente sí cambia.
Cambia de ideas.
Cambia de vida.
Cambia de apariencia.
Cambia de historia.
Lo que no cambia tan fácil…
es la necesidad de algunos de mantener a otros en su lugar.
Así que la próxima vez que escuches ese dicho, entiéndelo bien:
no describe a la persona de la que hablan…
describe a quien necesita decirlo.
Y eso sí que no lo arregla ni la seda.
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