Harold Dwight Lasswell fue uno de los grandes arquitectos del estudio moderno de la política y la comunicación. Si hoy hablamos de propaganda, manipulación mediática o análisis del poder, en buena medida es porque él ayudó a construir el marco para entenderlos.
1. Un niño curioso en la América del Medio Oeste
Harold Lasswell nació en 1902 en el pequeño pueblo de Donnellson, en el estado de Illinois, en Estados Unidos.
Era hijo de un pastor protestante, lo que significaba crecer rodeado de sermones, debates morales y discusiones sobre la sociedad.
Desde joven mostró una mente inquieta: le interesaba la política, la psicología y el comportamiento humano.
Muy pronto entendió algo que marcaría toda su vida intelectual:
La política no solo se trata de leyes o instituciones.
También se trata de emociones, símbolos y manipulación de masas.
2. El estudiante que quería entender el poder
Lasswell estudió en la University of Chicago, uno de los centros más innovadores de las ciencias sociales en ese momento.
Allí comenzó a preguntarse algo que parecía simple pero era revolucionario:
¿Por qué la gente obedece?
No solo obedecer a la ley, sino obedecer a líderes, ideologías, discursos y propaganda.
Para responderlo, Lasswell mezcló tres campos que rara vez se combinaban:
-
ciencia política
-
psicología
-
sociología
Esta mezcla fue extremadamente innovadora para su época.
3. La Primera Guerra Mundial y el descubrimiento de la propaganda
El gran laboratorio de sus ideas fue la propaganda de guerra durante la Primera Guerra Mundial.
Los gobiernos habían movilizado millones de personas usando:
-
carteles
-
periódicos
-
discursos patrióticos
-
demonización del enemigo
Lasswell se dio cuenta de algo inquietante:
Las masas pueden ser dirigidas emocionalmente mediante símbolos.
En 1927 publicó su obra clásica:
Propaganda Technique in the World War
En este libro mostró cómo los gobiernos habían manipulado emociones colectivas para sostener la guerra.
No era una denuncia moral.
Era un análisis científico del poder simbólico.
4. La famosa fórmula de la comunicación
Lasswell formuló una de las frases más famosas en estudios de comunicación:
“¿Quién dice qué, en qué canal, a quién y con qué efecto?”
Esta fórmula se convirtió en la base de los estudios modernos de comunicación.
Analizaba cinco elementos:
-
Quién – el emisor (gobierno, líder, medio)
-
Qué dice – el mensaje
-
Canal – el medio (radio, prensa, TV)
-
A quién – el público
-
Con qué efecto – la reacción social
Hoy este modelo se sigue enseñando en universidades de todo el mundo.
5. La política resumida en una frase brutal
Otra de sus frases se volvió legendaria en ciencia política:
“La política es quién obtiene qué, cuándo y cómo.”
Esta idea aparece en su libro:
Politics: Who Gets What, When, How
Para Lasswell, la política no era un discurso moral ni idealista.
Era simplemente la lucha por:
-
recursos
-
poder
-
influencia
En otras palabras:
la distribución del poder en la sociedad.
6. Su relación con el poder real
Durante la Segunda Guerra Mundial, Lasswell trabajó asesorando al gobierno estadounidense en temas de propaganda y análisis político.
Esto generó críticas.
Algunos decían:
-
estaba ayudando a perfeccionar la propaganda estatal
Otros defendían que su trabajo ayudaba a entender y combatir la propaganda totalitaria de regímenes como el de Adolf Hitler.
En realidad, Lasswell estaba obsesionado con comprender cómo las élites moldean la opinión pública.
7. Un pensador incómodo
Lasswell no era un moralista clásico.
Para él:
-
el poder siempre existe
-
la propaganda siempre existe
-
las élites siempre intentan influir en las masas
La pregunta no era si existe manipulación.
La pregunta era:
¿Quién la ejerce y con qué fines?
Esta visión lo convirtió en un pensador incómodo, porque desmontaba la ilusión de una política completamente racional.
8. Su legado
Hoy Harold Lasswell es considerado uno de los fundadores de:
-
la ciencia política moderna
-
los estudios de comunicación
-
el análisis de propaganda
Muchos estudios sobre:
-
manipulación mediática
-
propaganda política
-
comunicación de masas
siguen usando sus herramientas.
En un mundo de redes sociales, campañas digitales y guerra informativa, sus preguntas siguen siendo extraordinariamente actuales.
Reflexión final
Lasswell entendió algo que hoy vemos todos los días:
La política no se libra solo en parlamentos o elecciones.
También se libra en:
-
palabras
-
imágenes
-
símbolos
-
narrativas
Quien domina esas herramientas, domina gran parte del poder.
cómo las ideas de Lasswell explican perfectamente la propaganda moderna en redes sociales y televisión.
muchas cosas que hoy parecen nuevas… ya las había anticipado hace casi un siglo.
Veamos cómo encaja su famoso modelo con la política contemporánea.
1. “¿Quién dice qué?” — El emisor ya no es solo el gobierno
En la época de Lasswell, durante la Primera Guerra Mundial, la propaganda provenía principalmente de:
-
gobiernos
-
periódicos
-
carteles oficiales
Hoy los emisores son muchos más:
-
gobiernos
-
partidos políticos
-
corporaciones
-
influencers
-
granjas de bots
-
medios de comunicación
Por ejemplo, plataformas como Meta Platforms, X Corp. (Twitter) o TikTok permiten que millones de mensajes políticos circulen sin un control claro de quién los origina realmente.
2. “¿En qué canal?” — El arma más poderosa ahora es el algoritmo
Antes los canales eran simples:
-
radio
-
cine
-
periódicos
Hoy los algoritmos deciden qué mensaje ve cada persona.
Esto cambia completamente la propaganda.
Ahora existe lo que se llama microtargeting político, que se volvió famoso por el escándalo de Cambridge Analytica durante las elecciones de Donald Trump en 2016.
La idea es simple pero poderosa:
Cada votante recibe un mensaje diferente diseñado para manipular sus emociones específicas.
3. “¿A quién?” — La propaganda personalizada
Antes la propaganda era para la nación entera.
Ahora se dirige a grupos muy específicos:
-
jóvenes
-
trabajadores
-
grupos religiosos
-
personas con miedo a la inseguridad
-
personas con resentimiento económico
Las redes sociales permiten saber:
-
qué te gusta
-
qué temes
-
qué te enoja
-
qué compartes
En otras palabras: tu perfil psicológico.
Lasswell habría quedado fascinado (y quizá preocupado) por este nivel de precisión.
4. “¿Con qué efecto?” — La política de la emoción
Lasswell ya sabía algo clave:
la propaganda funciona mejor cuando activa emociones, no argumentos.
Hoy vemos campañas basadas en:
-
miedo
-
indignación
-
identidad
-
odio al enemigo
Las redes sociales amplifican esto porque los algoritmos favorecen contenido que provoca reacciones fuertes.
5. La nueva guerra: la guerra informativa
Hoy los países también utilizan propaganda digital contra otros estados.
Ejemplos:
-
campañas de desinformación
-
manipulación de redes
-
creación de narrativas falsas
Esto ha sido discutido en relación con conflictos recientes como la Invasión rusa de Ucrania de 2022.
La propaganda ya no solo moviliza ejércitos.
Ahora también moldea percepciones globales.
6. La advertencia implícita de Lasswell
El análisis de Lasswell lleva a una conclusión incómoda:
Las democracias no están libres de propaganda.
Simplemente utilizan formas más sofisticadas.
La diferencia entre propaganda y comunicación política muchas veces es solo cuestión de quién controla el mensaje.
Reflexión final
Si Lasswell viviera hoy probablemente diría algo como:
“Nunca en la historia había existido una maquinaria tan poderosa para moldear la opinión pública.”
Pero también diría algo esperanzador:
La única defensa real contra la propaganda es una ciudadanía crítica.
Personas que se pregunten constantemente:
-
¿Quién me está diciendo esto?
-
¿Por qué quiere que lo crea?
-
¿Qué gana si yo lo creo?
Exactamente las preguntas que Lasswell formuló hace casi un siglo.
cómo la propaganda moderna se parece mucho a la propaganda de los regímenes totalitarios del siglo XX como el de Joseph Goebbels en la Alemania nazi, aunque use métodos más sofisticados.
cuando se comparan… aparecen paralelismos muy inquietantes.
Vamos a meternos en eso: cómo la propaganda moderna refleja, de manera digital y sutil, lo que Joseph Goebbels hacía en la Alemania nazi, pero con algoritmos en lugar de carteles y discursos.
1. El mensaje simplificado y emocional
Goebbels sabía que:
-
la gente no razona con datos complejos,
-
responde a emociones fuertes, como miedo, orgullo o indignación.
Hoy vemos lo mismo, pero en redes:
-
Memes políticos que generan odio o risa
-
Titulares diseñados para viralizar
-
Videos cortos que apelan a la indignación
Lo que cambia es la velocidad y personalización: cada usuario recibe un mensaje adaptado a su perfil psicológico.
2. Repetición constante
Goebbels utilizaba repetición: repetir un mismo mensaje hasta que se internalizara.
Ahora los algoritmos hacen lo mismo, pero de forma automatizada:
-
Si interactúas con un contenido político, la plataforma te muestra más del mismo tipo
-
Se crea un “eco digital”, donde parece que todo el mundo piensa igual
El efecto psicológico es muy parecido: tu percepción de la realidad se moldea por la exposición constante.
3. Creación de enemigos
Los nazis definían claramente un enemigo: los judíos, los comunistas, los opositores.
Hoy, en campañas digitales, también se crean enemigos simbólicos:
-
grupos políticos opuestos
-
minorías
-
periodistas
-
“élites” o conspiraciones
Pero ahora el enemigo no siempre es real; puede ser una narrativa diseñada para polarizar.
4. Manipulación de símbolos
Goebbels usaba símbolos claros: banderas, uniformes, himnos.
En la era digital:
-
los símbolos son emojis, hashtags, filtros, memes
-
funcionan igual: evocan emociones y lealtad sin necesidad de palabras largas
-
por ejemplo, un hashtag viral puede generar unidad en un grupo y rechazo hacia otro
5. Control del canal
Antes: radio, prensa, cine.
Ahora: redes sociales, WhatsApp, YouTube, TikTok.
-
La diferencia: cada mensaje puede llegar directamente al cerebro de cada usuario
-
Goebbels necesitaba megáfonos y periódicos; hoy basta un algoritmo y unos clics
6. Conclusión de Lasswell aplicada
Si Lasswell viera esto diría:
“Los principios psicológicos de la propaganda siguen siendo los mismos: lo nuevo es la eficiencia tecnológica, no la técnica.”
En otras palabras: el peligro de manipulación masiva sigue vigente, pero ahora:
-
Es más difícil detectarlo
-
Es más rápido
-
Es más dirigido
-
Y puede pasar desapercibido como “opinión libre”
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