martes, 24 de marzo de 2026

 Ninguna guerra tiene la honestidad de confesar: "Yo mato para robar". 

 EDUARDO GALEANO

esta frase de Eduardo Galeano es un golpe de realidad sobre la hipocresía que suele envolver la guerra y el poder. 

En pocas palabras, dice que la violencia organizada, la guerra, rara vez se presenta con franqueza sobre sus motivos: el poder, el territorio, la riqueza.

 Nunca escuchamos a un ejército declarar: “Matamos para apropiarnos de recursos”. 

Siempre se envuelve en discursos de honor, defensa de la patria, libertad o seguridad.

Hay varias capas interesantes:

  1. La moralidad simulada: La frase denuncia que la guerra se justifica con razones nobles que muchas veces son un velo. El “bien común” se utiliza como máscara para intereses egoístas.

  2. La universalidad del engaño: Esto no aplica solo a naciones en guerra, sino también a grupos armados, corporaciones o élites políticas que actúan con violencia económica, social o militar, siempre presentándose como protectores o salvadores.

  3. El poder y la codicia: Galeano sugiere que detrás de muchas guerras hay un interés muy terrenal: robar, dominar, apropiarse de riqueza o territorio. La violencia se convierte en un medio para la ganancia, no un fin moral.

  4. La importancia de la honestidad radical: La frase nos confronta con una pregunta ética: ¿no sería más honesto reconocer nuestras motivaciones reales, aunque sean egoístas? La hipocresía legitima la violencia y perpetúa ciclos de conflicto.

En resumen, es un recordatorio de que el discurso oficial sobre la guerra casi siempre es un disfraz, y que el reconocimiento de la verdad, por crudo que sea, es el primer paso hacia un juicio ético más claro sobre la violencia y el poder.

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