Mira, todos dicen que Estados Unidos es “la democracia más grande del mundo”. ¡Democracia mis huevos! Lo que tienen es un imperio permanente con maquillaje electoral. Sí, cada cuatro años te dejan elegir qué marioneta va a sonreír en la televisión mientras el Pentágono, Wall Street y Silicon Valley siguen manejando el show.
¿Quieres
pruebas? Da igual si está Reagan, Clinton, Bush, Obama, Trump o Biden…
siempre hay guerras nuevas, siempre hay bombas que soltar y siempre hay
un país que necesita “libertad” a punta de misil. ¿Qué clase de
democracia necesita 800 bases militares en todo el planeta? Eso no es
democracia, eso es una cadena de McDonald’s con armas nucleares.
Y
en lo interno, lo mismo: desde Reagan hasta hoy, la misma cantaleta
neoliberal. Privatiza, recorta, jode al trabajador y dale más dinero al
rico. ¿Y sabes lo peor? Que te venden la idea de que tienes “opciones”:
republicanos o demócratas. ¡Vaya elección! Es como escoger entre
Coca-Cola y Pepsi: mismo azúcar, diferente etiqueta.
Este
es el truco: el pueblo vota, se emociona, discute, se pelea por
colores… y mientras tanto el imperio permanente sigue su curso. El
complejo militar-industrial se chupa el presupuesto, las corporaciones
dictan las leyes, y los presidentes son apenas presentadores de noticias
con poder de firmar drones.
Así
que no, Estados Unidos no es una democracia. Es un circo electoral
montado sobre una dictadura disfrazada. Una dictadura que no necesita
generales con bigote ni discursos en balcones… porque tiene Netflix,
Amazon y CNN. El pan y circo de la era digital.
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