Claudio Lepratti
Claudio “Pocho” Lepratti nació en 1965 en Concepción del Uruguay, Argentina. No fue un político profesional ni un intelectual mediático. Fue algo más incómodo para el poder: un hombre coherente.
Se mudó a Rosario y trabajó en barrios populares, especialmente en Ludueña, acompañando a jóvenes en situación de pobreza. Participaba en movimientos sociales, en espacios comunitarios, en radios barriales. Era de esos tipos que no hablaban de “los pobres” en tercera persona: vivía con ellos.
Diciembre de 2001
En diciembre de 2001 Argentina estaba en llamas: crisis económica, corralito, hambre, represión. El 19 de diciembre, la policía disparaba contra vecinos en Rosario. Pocho estaba en la azotea de una escuela donde funcionaba un comedor infantil.
Desde ahí gritó a los policías:
“¡Bajen las armas, que aquí solo hay pibes comiendo!”
La respuesta fue un disparo. Lo mataron de un tiro en la garganta.
Tenía 35 años.
No murió en una barricada ni con un arma en la mano. Murió defendiendo un comedor escolar.
Después, su figura se volvió símbolo de la resistencia social. Músicos como León Gieco le dedicaron canciones. En Rosario su nombre quedó ligado a la dignidad en medio del desastre.
Reflexión sobre la frase
“Hay que pasar el invierno. El invierno eterno no existe, si despertamos se va. Podemos y debemos construir la primavera.”
esta frase no es ingenua. No es optimismo de taza motivacional.
1. “Hay que pasar el invierno.”
No dice “negar el invierno”. No dice “imaginar que no hace frío”. Dice pasarlo. Es aceptar la crisis sin romantizarla. El invierno es real: hambre, represión, injusticia, desesperanza.
Hay una ética ahí: resistir sin perder humanidad.
2. “El invierno eterno no existe, si despertamos se va.”
Aquí está lo político.
El invierno puede volverse eterno si la gente se resigna. Pero si “despertamos”, si tomamos conciencia, si actuamos colectivamente, el invierno no es destino sino etapa.
No es magia. Es organización.
3. “Podemos y debemos construir la primavera.”
La primavera no llega sola. No es meteorológica. Es histórica.
Pocho no esperaba la primavera sentado. Construía comedores, comunidad, dignidad concreta. Para él, la primavera era que los pibes comieran.
Una reflexión más profunda
Pocho:
No gritó desde la comodidad. Gritó desde el riesgo. Y pagó el precio.
Su frase nos plantea una pregunta incómoda:
¿Estamos dispuestos solo a quejarnos del invierno o a construir algo que lo termine?
Y aquí viene la parte honesta:
No todo invierno termina bien. A veces la primavera tarda décadas. A veces no la vemos. Pero la historia demuestra que ningún sistema es eterno. Lo eterno es la lucha por dignidad.
Pocho no vio la primavera.
Pero ayudó a que otros la imaginaran.
Y eso, ya es una forma de vencer al invierno.

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