1. “Nosotros somos gente buena”
En Ozark casi todos los protagonistas se repiten eso como un mantra. Marty, Wendy, los Byrde en general no se viven como villanos. Se ven como:
-
personas racionales,
-
protectores de su familia,
-
obligados por “las circunstancias”.
Ese auto-relato moral es clave: nadie despierta diciendo “hoy voy a ser un monstruo”. Se dicen:
“No tuve opción”
“Es por un bien mayor”
“Si no lo hago yo, alguien peor lo hará”
Exactamente lo mismo pasa con muchos políticos.
2. El mal administrativo (no el mal sádico)
La mayoría de los políticos no son psicópatas de caricatura. Son más bien expertos en:
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diluir la responsabilidad,
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normalizar pequeñas traiciones éticas,
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convertir el daño en procedimiento.
En Ozark, matar, extorsionar o destruir comunidades se vuelve parte del “trabajo”.
En política:
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desviar recursos,
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mentir,
-
sacrificar vidas en decisiones “técnicas”
se vuelve gestión pública.
No es maldad épica. Es banalidad del mal (Hannah Arendt estaría sonriendo con tristeza).
3. La trampa del “soy buena persona en lo privado”
Muchos políticos —como los Byrde— se refugian en esto:
“Yo amo a mis hijos”
“Yo ayudo a mis amigos”
“Yo no robo tanto como otros”
Y creen que eso compensa el daño estructural que producen.
Pero ojo:
👉 ser decente en lo íntimo no te absuelve de ser destructivo en lo público.
Ese es uno de los grandes autoengaños modernos.
4. El poder como corrosivo moral
En Ozark, el poder no solo permite hacer cosas malas:
te va cambiando la escala de lo aceptable.
Lo que antes era impensable, luego es negociable, luego es rutina.
En política pasa igual:
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primero justificas una excepción,
-
luego una alianza incómoda,
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luego una mentira “estratégica”,
-
y al final ya no recuerdas por qué te metiste ahí.
No porque seas “malo”, sino porque el sistema premia al que se adapta y castiga al que se resiste.
5. ¿Y “nosotros”, la gente común?
Aquí viene lo incómodo:
La diferencia entre “ellos” y “nosotros” no es moral pura, es posición y oportunidad.
La mayoría de la gente buena:
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no tiene poder,
-
no está presionada por lobbies,
-
no controla presupuestos,
-
no vive rodeada de incentivos corruptores.
Eso no nos hace automáticamente mejores,
pero sí menos expuestos al veneno del poder.
6. Conclusión cruda
Muchos políticos se parecen a los protagonistas de Ozark porque:
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no se creen villanos,
-
racionalizan todo,
-
confunden sobrevivir con justificarlo todo,
-
y sacrifican lo colectivo mientras se miran al espejo diciendo “soy buena persona”.
Y el problema no es solo “ellos”,
sino los sistemas que permiten que gente “normal” haga cosas monstruosas sin sentirse monstruos.
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