viernes, 2 de enero de 2026

 

México: del Porfiriato al neoliberalismo

La derecha como administradora de la dependencia

La historia de México es también la historia de una élite que, una y otra vez, prefirió subordinar la soberanía nacional a los intereses extranjeros antes que permitir que el pueblo decidiera su propio destino. Desde el Porfiriato hasta el neoliberalismo contemporáneo, la derecha mexicana ha actuado como una clase intermediaria, más cercana al capital extranjero que a la nación que dice defender.

El Porfiriato: “orden y progreso” para el extranjero

Durante el gobierno de Porfirio Díaz, México se integró al mercado mundial como país dependiente. El discurso era el del “progreso”, pero el progreso no era para los mexicanos: minas, ferrocarriles, petróleo y tierras quedaron en manos de capitales estadounidenses, ingleses y franceses.
La élite porfirista veía al pueblo como un estorbo y al inversionista extranjero como el verdadero sujeto histórico. La patria se volvió un negocio.

No es casual que la Revolución Mexicana estallara contra ese modelo: no fue solo una lucha política, fue una rebelión contra una derecha que había convertido al país en finca ajena.

El siglo XX: nacionalismo en el discurso, dependencia en la práctica

Tras la Revolución, el Estado mexicano construyó un relato nacionalista fuerte. Sin embargo, a partir de los años 80, ese pacto social se rompió. La crisis de la deuda fue el pretexto perfecto para que una nueva derecha tecnocrática tomara el control del país.

Esta derecha ya no necesitaba botas militares: bastaban los trajes, los tecnócratas formados en universidades estadounidenses y las recetas del FMI.

El neoliberalismo: la entrega legal de la soberanía

Con Miguel de la Madrid, Carlos Salinas y sus sucesores, México vivió una segunda colonización, ahora financiera y jurídica.
El TLCAN fue presentado como modernización, pero en realidad significó:

  • Subordinación económica a EE.UU.

  • Destrucción del campo mexicano frente al agroindustrial estadounidense.

  • Conversión del país en maquiladora de bajo salario.

La derecha mexicana celebró esta dependencia como “integración al mundo”. La soberanía pasó a ser vista como una palabra incómoda, casi sospechosa.

El PAN y el patriotismo vacío

El PAN, autoproclamado defensor de los valores patrios, fue en realidad uno de los mayores impulsores de la subordinación. Durante sus gobiernos se profundizó la dependencia energética, se militarizó la seguridad bajo esquemas dictados desde Washington y se aceptó sin resistencia la agenda estadounidense.

Mientras hablaban de Dios, familia y bandera, aceptaban que otro país definiera buena parte de la política económica y de seguridad nacional.

La derecha actual: nostalgia colonial

Hoy, amplios sectores de la derecha mexicana siguen soñando con una relación de subordinación “ordenada” con Estados Unidos. Rechazan cualquier intento de soberanía económica llamándolo “populismo”, pero aplauden la intervención extranjera, la injerencia diplomática y la presión financiera.

No quieren una patria fuerte: quieren un país dócil, barato y obediente.

Conclusión: apátridas con bandera

La derecha mexicana no odia a la patria: odia al pueblo como sujeto soberano.
Prefiere una nación débil controlada desde fuera a un país fuerte gobernado desde abajo. Su patriotismo es decorativo; su lealtad real está con el capital y con la potencia dominante de turno.

México ha avanzado cada vez que rompió con esa lógica y retrocedió cada vez que la derecha volvió a administrar la dependencia.

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