miércoles, 8 de junio de 2022

 Se presume que todos los agentes que actúan en el mercado tienen acceso a la misma información. Igualmente, se presume que no existen asimetrías de poder o de información que interfieran en la capacidad de los individuos para tomar decisiones económicas racionales en su propio interés. En la práctica, raramente, si es que alguna vez, se producen situaciones que se aproximen a esta situación, y ésto tiene notables consecuencias. Los jugadores mejor informados y más poderosos poseen una ventaja que pueden fácilmente explotar para conseguir todavía más información y un mayor poder relativo. Por otro lado, el establecimiento de derechos de propiedad intelectual (las patentes) estimula el «predominio de la búsqueda de rentas». Los actores que poseen derechos sobre patentes utilizan su poder monopolista para fijar precios monopolistas y evitar la transferencia de tecnología, excepto a un coste muy elevado. Por lo tanto, con el transcurso del tiempo, las relaciones de poder asimétricas tienden a incrementarse y no a reducirse, a menos que el Estado intervenga para contrarrestarlas. La idea neoliberal de J. Stiglitz, autor de The Roaring Nineties (Nueva York, Norton, 2003), obtuvo su Premio Nóbel por sus estudios sobre el modo en las asimetrías de información afectaban al comportamiento y a los resultados del mercado.  un sistema de información perfecto y de un campo de juego equilibrado para la competencia, parece o bien una utopía inocente, o bien una forma deliberada de enmarañar los procesos que conducirán a la concentración de la riqueza y, por lo tanto, a la restauración del poder de clase. La teoría neoliberal del cambio tecnológico descansa en la fuerza coercitiva de la competencia para impulsar la búsqueda de nuevos productos, de nuevos métodos de producción y de nuevas formas organizativas. Sin embargo, este impulso pasa a integrarse de manera tan profunda en el sentido común empresarial, que se convierte en la creencia obsesiva de que existe una componenda tecnológica para todos y cada uno de los problemas que puedan plantearse. Hasta el punto de que es una idea incuestionable no sólo en el seno de las compañías sino también dentro del aparato estatal (en particular, en el ámbito militar), generando fuertes tendencias de cambio tecnológico independientes que pueden llegar a ser desestabilizadoras, cuando no contraproducentes. El desarrollo tecnológico puede descontrolarse debido a que los sectores dedicados únicamente a la innovación tecnológica crean nuevos productos y nuevas formas de hacer las cosas cuando todavía no existe mercado para ello (es decir, se producen nuevos productos farmacéuticos, para los que se inventan nuevas enfermedades). Además, empresas sagaces operando en el límite de la legalidad o directamente en la ilegalidad pueden movilizar las innovaciones tecnológicas descubiertas para socavar las relaciones y las instituciones sociales reinantes; y a través de sus actividades pueden remodelar el sentido común para obtener ventajas pecuniarias. Así pues, existe una conexión interna entre el dinamismo tecnológico, la inestabilidad, la disolución de los vínculos sociales de solidaridad, la degradación medioambiental, la desindustrialización, los cambios acelerados en las relaciones espacio-temporales, las burbujas especulativas y la tendencia general hacia la creación de crisis en el seno del capitalismo.

Shoshana Zuboff

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