Si nos sentimos estrechamente identificados con nuestra identidad futura, ¿no será más probable que tengamos en cuenta la repercusión de nuestras acciones presentes en la manera en que posteriormente nos sentiremos? Y más específicamente: ¿no será menos probable que los individuos que sienten más la continuidad de su identidad futura tomen decisiones carentes de ética, que tan comunes son en la vida cotidiana? Esta pregunta es oportuna, habida cuenta de las estadísticas del FBI sobre los delitos de guante blanco que empezaron a confeccionarse en 1940 yque indican que la tasa de estos delitos se ha triplicado en 2009 —un problema que se ha agudizado con el estallido de escándalos financieros que se produjo durante la crisis financiera de 2008, incluida la monumental estafa, semejante a la de Ponzi, que cometió Bernard Madoff—. En 2012, Hershfield y sus colegas se plantearon esta cuestión en cinco estudios en los que participaron hombres y mujeres de edades comprendidas entre los 18 y los 72 años. Los investigadores estudiaron su disposición a aprobar los negocios rentables, pero poco éticos, y sus juicios morales sobre la aceptabilidad de engaños y sobornos en contextos empresariales y financieros. Por ejemplo, si el participante (siempre anónimo) estaría dispuesto a comercializar un producto alimenticio rentable con conocimiento de sus peligros para la salud, o a aprobar una operación minera económicamente lucrativa pero nociva para el medio ambiente, de la que obtendría grandes dividendos. En los cinco estudios, los participantes que se sentían más desvinculados de su identidad futura —medida esta desconexión por la escasa intersección de los círculos de la identidad presente y de la identidad futura— estaban más dispuestos a tolerar decisiones poco éticas en el mundo de los negocios. Los investigadores también animaron a algunos participantes a pensar en su identidad futura, mientras a otros les hacían pensar en el mundo del futuro. Proyectar el propio yo en el futuro, comparado con simplemente pensar en el futuro, reducía la tolerancia al comportamiento contrario a la ética. Los que se sentían muy conectados con su identidad futura pensaban más en las consecuencias a largo plazo de sus acciones, y era esta atención puesta en las consecuencias futuras lo que explicaba su resistencia a tomar decisiones egoístas guiadas por la codicia. Algo que conviene recordar antes de que al sistema caliente, ajeno a las consecuencias en el tiempo y ciego para la ética, se le presente la próxima tentación seductora pero inmoral.
Walter Mischel
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