miércoles, 15 de junio de 2022

 En la actualidad, los activistas que defienden «un mundo sin prisiones» a menudo son despreciados por chalados, pero hace solo unas décadas la idea de que nuestra sociedad estaría mucho mejor sin cárceles y que su final era más o menos inevitable, no solo dominaba el discurso académico general en el campo de la criminología, sino que inspiró una campaña nacional por parte de los reformistas que exigían una moratoria en la construcción de prisiones. Marc Mauer, el director ejecutivo de The Sentencing Projec (organización dedicada al trabajo en pro de la reforma del sistema penal), hace notar que, en retrospectiva, lo que más llama la atención de la campaña de moratoria es el contexto de encarcelamiento en aquel momento. En 1972, había menos de 350.000 personas internadas en cárceles en todo el país, comparadas con los más de dos millones de hoy en día. La tasa de reclusión de aquella época se situaba a un nivel tan bajo que ya no parece ni siquiera posible, pero para quienes apoyaban la moratoria, aquel porcentaje de reclusión era indignantemente elevado. «A quienes apoyaban el esfuerzo de la moratoria se les puede perdonar por ser tan inocentes», comenta Mauer, «dado que la expansión de instituciones penitenciarias que habría de tener lugar posteriormente carecía de precedentes en la historia humana [22]». Nadie Página 21 imaginaba que la población reclusa se iba a quintuplicar durante su vida. En aquel momento parecía mucho más probable que las prisiones fueran desapareciendo. En lugar de eso, parece que las prisiones están aquí para quedarse. Y a pesar de los niveles inéditos de confinamiento en la comunidad afroamericana, la comunidad de derechos civiles permanece extrañamente silenciosa. Si se mantienen las tendencias actuales, uno de cada tres jóvenes afroamericanos cumplirá condena, y en algunas ciudades más de la mitad de todos los adultos negros jóvenes está en la actualidad bajo control correccional: en cárcel o en prisión, en libertad provisional o condicional [23] . Y sin embargo se tiende a clasificar el encarcelamiento en masa como un tema de justicia penal, en lugar de considerarlo un tema de justicia racial o un asunto (o crisis) de derechos civiles.

 Michelle Alexander

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