Se podría decir que la historia de la civilización es esencialmente la historia de la interiorización del carácter represivo de la sociedad. Conforme el mundo social va adquiriendo una estructura cada vez más compleja, el individuo debe tener un mayor autocontrol al tiempo que va renunciando a sus deseos instintivos más básicos. Por eso nos hemos convertido en una sociedad de apáticos quejicas; sencillamente no somos felices. El hecho de que nuestra calidad de vida sea infinitamente mejor carece de relevancia. La infelicidad procede de condiciones internas, no externas. Como los placeres sustitutivos de que disponemos no satisfacen nuestros instintos sexuales y destructivos más primarios, la sociedad moderna nos exige un nivel de renuncia y represión mayor que nunca. En la película El club de la pelea, Tyler Durden dice: «Estamos diseñados para ser cazadores y sólo sabemos ir de compras. Ya no hay nada que matar, nada contra lo que luchar, nada que superar, nada que explorar. De esa castración social surge el pelele típico de hoy en día". Y sus palabras nos parecen muy ciertas. La teoría freudiana es tan conocida, que no nos damos cuenta de que es tan sólo una teoría.
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