lunes, 29 de marzo de 2021

 Durante la época colonial, comparadas con los varones, las mujeres fueron consideradas frágiles y limitadas, física y mentalmente inferiores; aunque se puso alguna atención a su educación formal, en realidad fue muy poca. A fines del siglo XVIII entre las ideas liberales, que continuarían en el siglo XIX, sobre la laboriosidad, la ilustración, el ingenio y la sobriedad en contra de la ociosidad, ignorancia y despilfarro, empezó a introducirse la idea de la utilidad social de las mujeres. Se iniciaron entonces los discursos encaminados a incrementar los esfuerzos educativos para ellas, a fin de incorporar a algunas al mercado de trabajo y a fin de preparar a otras para ser mejores madres y educadoras. Los gobiernos republicanos pusieron algo de interés en el tema, pero los gobiernos liberales de la segunda mitad del siglo más aún. No obstante, la mujer tuvo acceso sólo a la educación elemental. A mediados del siglo XIX la erudición de las mujeres era censurada y satirizada su inteligencia. Sólo se pretendía que las mujeres pobres aprendieran oficios, las de clase media enseñaran a niños, y las de la clase alta, además de los conocimientos de la escuela elemental, supieran tocar algún instrumento, bordar y educar a los hijos; en suma, que se constituyeran en buenas esposas y madres. Así un periódico del año 1851 publicó al respecto. …El espíritu de las mujeres es diferente que el de los varones y esto puede provenir de la pequeñez de su cabeza, de su debilidad natural del trabajo que toma en su compostura para aumentar sus atractivos, la coquetería y la continua cortesía… es cierto que su inteligencia es inferior a la nuestra ¡Nadie duda que tienen menos memoria que nosotros! Repiten hermosas canciones, sus piadosas devociones, pero no retendrían la décima parte de una ciencia de nomenclatura como la botánica… ni de raciocinio como el derecho y la medicina…

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