Como hombre de Chicago en Chile, Frank tenía una perspectiva privilegiada sobre la aventura económica del país. Un año después de que Friedman recetara el shock máximo, escribió una airada “Carta abierta a Arnold Harberger y Milton Friedman” en la que utilizó su formación en la Escuela de Chicago “para examinar cómo ha respondido el paciente chileno a su tratamiento”. Calculó lo que significaba para una familia chilena tratar de sobrevivir con lo que Pinochet afirmaba que era un “sueldo mínimo”. Aproximadamente el 74% de sus ingresos se dedicaban simplemente a comprar pan, lo cual obligaba a la familia a prescindir de “lujos” como la leche y el autobús para ir a trabajar. En comparación, bajo Allende el pan, la leche y el autobús alcanzaban el 17% del sueldo de un empleado público. Muchos niños tampoco tenían leche en las escuelas, pues una de las primeras medidas de la Junta había sido eliminar el programa de leche escolar. Como resultado combinado de ese recorte más la situación desesperada de las familias, cada vez más estudiantes se desmayaban en clase, mientras que otros muchos dejaron de acudir a la escuela. Gunder Frank vio una relación directa entre las brutales políticas económicas impuestas por sus antiguos compañeros de estudios y la violencia que Pinochet había desatado contra el país. Las recetas de Friedman eran tan dolorosas, afirmó el desafecto hombre de Chicago, que no podían “imponerse ni llevarse a cabo sin los elementos gemelos que subyacen a todas ellas: la fuerza militar y el terror político”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario